Diagnóstico e invención singular en autistas

Diagnóstico diferencial: temporalidad e invención singular

La cuestión del diagnóstico diferencial entre autismo y psicosis es de actualidad.

El analista en las entrevistas preliminares realiza una búsqueda eficiente de posibles fenómenos elementales con los que ubicarse ante la posible entrada en análisis: es decir, si es pertinente o no el análisis en un caso de sospecha de autismo o psicosis, teniendo en cuenta que durante el mismo puede desencadenar la psicosis. Es una cuestión de responsabilidad del analista1.

Para ello es importante saber si el autista alucina o no. Hay un elemento que puede servirnos como guía: la holofrase. «Lacan hace de la holofrase, si no un concepto, al menos una noción que con gusto ubicaríamos junto a la metáfora y la metonimia en el código de los significantes lacanianos, ya que las tres conciernen al funcionamiento de la cadena significante»2.

En la holofrase el S1 y S2 quedan solidificados. La cuestión enunciativa toma otro calibre: el sujeto queda atrapado en el significante y la presencia enunciativa queda altamente acentuada3.

El psicótico, al verse invadido por el «sentido del sonido», es imbuido por las alucinaciones verbales al estar él mismo solidificado en el mensaje4. Estas son diálogos de voces que escapan a su control y no está en juego en el intercambio, sino que es objeto de ellas debido precisamente por esa presencia enunciativa altamente acentuada.

Sin embargo, el autista mantiene a distancia la holofrase mediante la utilización de los signos. Esta distancia con la enunciación muestra la escasez de alucinaciones verbales, que no visuales (dado que en ocasiones pueden producirse y hay que tratar no confundirlas), y las certezas delirantes. Vemos, sin embargo, cómo se enfatiza el circuito cerrado de estrategias5 autistas para la elaboración de un borde donde retorne el goce.

En la psicosis retorna el goce significante como real en el cuerpo y en el autista, mediante sus construcciones singulares marcando distancia con el funcionamiento significante, retorna al borde construido: el Otro de síntesis6. Este puede ser tanto un objeto autístico simple o complejo dándole una funcionalidad de doble. Este doble, entendido como un objeto familiar que el sujeto puede tener bajo su control, le permite tratar su goce vocal pulsional con el que realizar verbalizaciones artificiosas y así consentir cierta presencia del Otro. Siendo apaciguador; desligado del goce vocal. Es decir, regular el deseo del Otro y el goce.

Llegados a este punto cabe plantear ciertas cuestiones. En la clínica podemos encontrarnos con casos que dicen experimentar “sensaciones extrañas”, las cuales no consiguen definir, ni ubicar en lo que podemos considerar el organismo o el cuerpo. Dicha sensación, al no estar regulada por el doble, puede causar alucinaciones visuales que lleven al sujeto a horrorizarse.

Pero como comentamos con anterioridad, debido a que en el autista no hay retorno al cuerpo, sino al borde, si permitimos el trabajo que el sujeto necesita o los movimientos subjetivos respecto al Otro (sea una persona, sea un objeto o sea un acontecimiento) podemos encontrar soluciones singulares que hagan de borde. Y dichas soluciones tiene su propia temporalidad lógica y subjetiva.

Así pues, estos sujetos pueden llevar a cabo estrategias de on-off rectificando su asiduidad de asistencia a un lugar habitual para tener el control frente a la ausencia y la presencia de aquel objeto (persona) o circunstancia que les conduce a un desbordamiento. Este manejo de la distancia, más que de separación, es necesaria tenerla en cuenta en la clínica. La distancia apacigua al sujeto, facilitándole un margen necesario para efectuar su propia elaboración.

Sin embargo, este primer tiempo no suele ser suficiente para la constitución de un doble que le permita una solución: es decir, hacer pasar al otro por el circuito (o tema de conversación de interés restringido, donde el sujeto sabe dirigirla para encontrar las respuestas previstas) para tener cierta proximidad tolerable. El doble mediatiza «la relación con el Otro significante real y omnipotente»7 alzando una obstrucción frente a la alienación significante.

La cuestión radica, en el siguiente tiempo, cuando el sujeto ha encontrado la manera de mediatizar la relación con el Otro. Es importante que el analista en este tiempo de invención (sea objeto, o incluso neologismo) se prive de dar sentido. Ha de quedar «sordo»8 para que el nuevo significante tenga función de borde. Sería, a fin de cuentas, acompañar para que el «sentido del sonido»9 quede sordo y cierta enunciación – artificiosa – pase mediante el doble.

A modo de conclusión, ¿puede el analista tener función de doble para el autista?

çinavarrollues@gmail.com

Iván Navarro Lluesma es socio de la sede de Valencia de la Comunidad Valenciana de la ELP.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. Introducción al método psicoanalítico. Eolia-Paidós, Buenos Aires, 2012.
  2. Stevens, Alexandre. “La holofrase, entre psicosis y psicosomática”. Ornicar?, revue du Champ freudien, nº 42, juillet-septembre 1987, pp. 45-79.
  3. Maleval, Jean-Claude. El autista y su voz. Gredos, Madrid, 2011, p. 208.
  4. Stevens, Alexandre. Ibid., Id.
  5. Laurent,Éric. La batalla del autismo. De la clínica a la política. Grama Ediciones, Buenos Aires. 2013.
  6. Maleval, Jean-Claude, Ibid., p. 193.
  7. Maleval, Jean-Claude, Ibid., p. 204.
  8. Maleval, Jean-Claude, Ibib., p. Id.
  9. Maleval, Jean-Claude, Ibib., p. Id.