Vicisitudes de la entrada en análisis en la adolescencia

“Nuestra perspectiva actual es la de una práctica del psicoanálisis que ya no es la del tiempo de Freud y quizás comience a no ser la del tiempo de Lacan. Sin duda el psicoanálisis propiamente dicho es freudiano en sus fundamentos.”

Jacques-Alain, Miller1

Introducción

Hay un saber establecido acerca de lo que supone la entrada en un análisis. Saber que requiere ser verificado en la experiencia cada vez.

Así como la clínica con sujetos psicóticos desafía ese saber, el encuentro con sujetos adolescentes también lo pone a prueba. Es allí como claramente el psicoanálisis muestra su utilidad y pertinencia.

¿Cómo se juega la entrada en análisis con los adolescentes?

Lo que lleva a un adulto a consultar a un psicoanalista es que hay algo que le resulta molesto, algo de lo que cojea.

En el caso de los adolescentes, sin embargo, generalmente son traídos. Uso un significante más fuerte: vienen “mandados”. Ya sea por la escuela o por los padres y a veces por ambos. Desde la pandemia en nuestro país también vemos cada vez más que hay jóvenes que demandan, es una novedad. Pero no es algo generalizado, aún.

Si en el caso del adulto hay algo de su fantasma que es tocado y que por tanto lleva a consultar, cuando se trata de adolescentes es la relación al Otro lo que resulta problemática: la agresividad repetida, la inhibición con los estudios, la relación con los gadgets tecnológicos, las actuaciones.

Son todas situaciones que no necesariamente son problemáticas para el propio sujeto, pero que en cambio sí lo son para los adultos a su alrededor. Es decir, el adolescente funciona como síntoma de los adultos. Nos encontramos muchas veces con adolescentes que literalmente dicen: “no sé por qué he venido”.

De ser objeto de la demanda a la Demanda de análisis

El desafío, y está es la función de las entrevistas preliminares, es que el sujeto transforme este “ser mandado”, donde allí no hay sujeto, sino objeto del Otro, en una Demanda le dirija al analista.

Demanda que no es otra cosa que una pregunta que el sujeto se puede hacer y que espera que en el espacio de la consulta se pueda responder.

En las entrevistas preliminares habría un recorrido que va de la queja del adulto que lo trae a la Demanda del sujeto.

Pero en este “ser mandado” opera otra dificultad. No es el adolescente quien elige a tal o cual analista. El joven ha de elegir a su analista para que pueda operar la transferencia. Y eso no es otra cosa que consentir al encuentro con un analista escogido por sus padres y a quienes ellos le suponen un saber.

El analista ha de acoger la demanda de los padres y de los profesores, la ha de reconocer, para en otro momento poder separarse de ese lugar al que es convocado. Lugar del amo, que no es otro desde el que operan las terapias cognitivo-conductuales.

Entre el “ser mandado” y la Demanda se trata de que se constituya una distancia, que el sujeto se despegue para promover una Demanda de análisis que se diferencia de ser objeto de la demanda del Otro: “estudia más”, “deja el móvil”, “pórtate bien”.

Un recuerdo

Siendo el único de una familia en la que todos habían tenido una experiencia con el psicoanálisis esto me dejaba fuera de cierto lenguaje familiar. Esa fue la razón por la que pedí un analista a mi madre siendo un adolescente de 15 años.

Era la primera vez que acudía a uno. Se trataba de uno reconocido, lacaniano de aquella época (silencio absoluto durante toda la sesión)

A las pocas entrevistas, y sin entender de lo que se trataba allí, el analista me pidió que me recostará en el diván.

Yo me negué, a cambio propuse una respuesta de compromiso, en vez de recostarme, me senté en el diván. La experiencia duró poco.

Este analista, muy preocupado por el setting, no pudo acoger mi verdadera Demanda que no era otra que intentar significar la muerte de mi padre ocurrida unos años antes.

En un análisis posterior esto se me hizo evidente. Mi lugar de exclusión estaba en relación con la contingencia de la muerte de mi padre.

Probablemente fue la huella de aquel encuentro con ese analista, que no pudo acoger algo de mi pregunta, al que le debo el interés por el trabajo con adolescentes como una práctica no estandarizada.

Como señala Miller: “Para que un análisis comience es preciso que el sujeto haya encontrado el significante de la transferencia… Es preciso desde luego que la significación le importe, que suponga que va algo de ustedes en la solución de la pregunta: “Pero ¿qué quiere decir esto?”2.

No pude encontrar el significante de la transferencia, el “¿qué quiere decir?” que hubiera permitido iniciar un análisis.

marioizcovich@yahoo.es

Mario Izcovich es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. «¿Cómo comienzan los análisis?», Web del XI Encuentro americano de psicoanálisis de la orientación lacaniana (ENAPOL).
  2. Ibid.