Entramos como hombres, salimos como mujeres

Con ocasión de la presentación del libro La sexualidad es transgénero1 de Mari Paz Rodríguez, en la mesa en la que participaba se cantaban loas sobre lo que uno cambia en un psicoanálisis. ¡Hasta de género! me encontré exclamando. Inmediatamente recordé lo que Serge Cottet decía: tanto hombres como mujeres entramos en análisis como hombres y salimos como mujeres.

Ahora bien, si tomamos como punto de partida la afirmación freudiana de que no hay inscripción de la diferencia entre los sexos en el inconsciente, no es sencillo afirmar que es un hombre o que es una mujer. El aforismo lacaniano No hay relación sexual lo complejiza aún más ya que “…el sexo no define ninguna relación en el ser hablante”2. Lacan en el Seminario Aún se pregunta “¿Todo lo que no es hombre es mujer? Tenderíamos a admitirlo. Pero dado que la mujer es no-todo, ¿por qué todo lo que no es mujer sería hombre?”3.

El descubrimiento freudiano de las pulsiones parciales, que no forman una unidad y que ignoran la diferencia de sexos, lleva a Lacan a sostener el sexo no regulado por la diferencia sexual, sino por el objeto a y por lo tanto asexuado. Las identificaciones, la elección de objeto homo o hetero y el modo de satisfacción singular no se articulan entre sí de modo unívoco. Pueden ser paradójicos y contradictorios entre sí. Por lo que desde el psicoanálisis lacaniano no hablamos de identidad, siempre precaria, ni de género o de sexualidad, sino de identificaciones, de goces y de sexuación.

Freud abordó la sexuación desde la posición del sujeto en relación al falo. La lógica fálica distribuye en ambos sexos las modalidades de la castración y del goce, dividiendo a los sujetos entre tener y ser el falo. Para Lacan, las fórmulas lógicas de la sexuación reparten a los seres hablantes en relación a su goce en un “todo fálico” y en “no-todo fálico”, sean del género que sean. Este abordaje del goce sexual impide quedarse en su dimensión imaginaria, sino tomar en cuenta las determinaciones inconscientes que se juegan en la sexuación y en lo real del goce. No hay significante de la diferencia sexual como tal que permita al sujeto simbolizar las funciones del hombre y de la mujer, que no son más que significantes. A partir de la última enseñanza de Lacan se integra en la combinatoria significante un real opaco al sujeto, que implica una sexuación abordada desde el enigma del real del goce.

Un real del sexo, del goce sexual, marcado por la imposibilidad de ser representado por el lenguaje y de establecer “ese único Uno que nos interesa, el Uno de la proporción sexual”4. La irrupción del Uno del goce, del goce sexual como Uno sin el Otro, hace que la diferencia sexual deja de estar organizada por la oposición sexual binaria y por lo tanto nombrada por el goce fálico. Uno solo como marca de goce que no entra en la lógica fálica, no se articula a un S2 haciendo cadena, sino que queda del lado de la lógica del no-todo, lógica de lo femenino. Hay goces que no hacen relación entre ellos, ni dan cuenta de los géneros. Para Lacan más allá de la elección sexual, se trata del anudamiento singular entre Real, Simbólico e Imaginario, del goce de cada sujeto como marca del Uno del cuerpo, goce del cuerpo que no es de orden de lo sexual y por lo tanto sin sentido. Lo define como “la mismidad de la diferencia absoluta”5.

El recorrido de un análisis sería afín a la lógica de la sexuación, en el inicio el Nombre del Padre permite al goce adquirir sentido, por lo que se recurre a él para tratar el goce. Al final de un análisis se logra cernir un real, lo que Miller llama identidad sinthomal producida a partir del Uno del goce y que da cuenta de los arreglos singulares con el goce sexual y con el goce que no tiene sentido. Se trata del anudamiento sinthomal, en un sinthome que no está condicionado por el lenguaje sino por lalengua, forma de gozar singular e irreductible, como acontecimiento de cuerpo.

De ahí la referencia a la entrada al análisis como hombres, desde un “todo fálico” y la salida como mujeres, en un “no-todo fálico”. Un no-todo que excede el campo de la sexualidad, que apunta a cómo el goce se inscribe para cada parlêtre como marca del Uno en el cuerpo. “Porque el ser es el goce del cuerpo como tal, es decir, como asexuado”6.

En la Nota italiana7 Lacan afirma que el analista surge del no-todo, afín a la posición femenina. Miller sostiene “no podemos ser analistas mientras estemos instituidos por el fantasma fálico”8. El recorrido de un análisis pasa, tanto en hombres como mujeres, por no absolutizar a La Mujer, duelar el falo, desembrollarse de lo femenino, construyendo el no-todo como agujero en el saber.

g.galarraga@urovirtual.net

Gabriela Galarraga es miembro de la ELP y la AMP.

 

Notas:

  1. Rodríguez, Mari Paz. La sexualidad es transgénero. Ed. Grama, Buenos Aires, 2023.
  2. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, Seminario 19, …O peor. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 13.
  3. Ibid., p. 176.
  4. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aún. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 14.
  5. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, Op. cit. p. 162.
  6. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Op cit. p. 14.
  7. Lacan, Jacques. “Nota italiana”, Otros Escritos. Ed. Paidós, México, 2000.
  8. Miller, Jacques-Alain. El Ser y el Uno. Clase 9 febrero 2011.