En el marco de las entradas en análisis

El número 20 de los Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis1 fueron el Documento de Trabajo de las X Jornadas Andaluzas de Psicoanálisis en el año 1997. El tema elegido fue: “De la Queja al Síntoma” y los que participamos en ese número pusimos el acento en la entrada en análisis. Una relectura de esa publicación nos invita a considerar lo que hoy nos convoca en Bilbao, en las próximas Jornadas de la Escuela.

Estaban presentes en esa revista la indagación sobre las entrevistas preliminares, la construcción del síntoma en psicoanálisis, el deseo del analista, la repetición…etc. Pero es un texto de Hilario Cid “CH8” el que daba un relieve especial al tema que nos convoca. Fue un testimonio de pase que nos enseñaba cómo el encuentro con un texto de Freud operó como significante de la transferencia primero y la búsqueda posterior de un analista que encarnara el Sq (un significante cualquiera), para poner en acto el algoritmo de la transferencia que Lacan teorizó en su día.

Esta constatación de entrada en análisis nos remite al texto freudiano de 1912 “Sobre la iniciación al tratamiento”2 donde el establecimiento de la transferencia es requisito inicial. Las entrevistas preliminares (“Período de ensayo o prueba” en la obra citada), darán cuenta de la posibilidad o no, del inicio de una cura. Podemos afirmar también que hay entrada en análisis cuando se produce el pasaje del motivo de “queja” inicial a la elaboración de un síntoma analítico, donde el analista queda incluido como soporte del sujeto supuesto saber, pivote de la transferencia: es un consentimiento del sujeto a buscar en el saber una supuesta verdad sobre la causa inconsciente. Ello implica una pérdida o renuncia de goce; cierta condición para que la “cosa” advenga palabra.

Malestares en las culturas

El plural indica variedad de malestares según la cultura de la época. El descubrimiento freudiano entra en escena en tiempos donde lo que él denominaba “moral civilizadora” perdía hegemonía y naufragaba en el tsunami de un horizonte convulsionado por el auge de la ciencia. El tratamiento se presentaba como una herramienta de liberación de conflictos reprimidos en “otro escenario”.

Con Lacan, el posmodernismo de los 60, exige una revisión de la praxis para estar a la altura de ese horizonte. Cuando aún no eran imaginables las consecuencias del orden cibernético actual, la mirada anticipada de Lacan estuvo advertida; se constata en su lección del Seminario del 22/6/1955 “Psicoanálisis y Cibernética, o de la naturaleza del lenguaje”.3

Recientemente, este tema se ha vuelto a tratar con motivo del número 100 de la revista Freudiana, José Ramón Ubieto aporta en este sentido un interesante trabajo: “Freud y la Inteligencia Artificial” donde rescata la valía del discurso analítico4.

El malestar de nuestra época tiene que ver con lo que Lacan formuló como Discurso Capitalista. Un falso discurso, pero con consecuencias muy concretas. Su repercusión en el Campo Social constituye una de las matrices de los síntomas contemporáneos. Sin semblantes de autoridad que regulen la subjetividad o la distribución del goce, el individuo actual queda a merced de la pulsión y de un real sin ley.

En estas circunstancias, el sujeto sólo interesa para la acción de consumo de la producción incesante de sus gadgets. Lo que llamamos objeto plus de goce en su ascenso imparable, tiene un lugar dominante. A este respecto, Jacques Alain Miller se preguntaba en su intervención del IV Congreso de la AMP en Comandatuba -Brasil, 20045 si el objeto “a” no sería la brújula de la civilización de hoy. Por lo pronto, urge entender que no podría ser una clínica con la nostalgia del operador Nombre del Padre. La introducción del parlêtre, el misterio del cuerpo hablante, reorientan la brújula de la cura. Estamos llamados a cierta invención. Esta requiere en parte del delirio con fondo de vacío. Atravesamos la época del “delirio generalizado” decimos, pero de un delirio zombie que no inventa nada, más bien refuerza esa “nada”.

Obstáculos a la entrada en análisis, hoy

Decíamos al inicio que para Freud la transferencia era la exigencia inicial, y el sujeto supuesto saber su pivote. Según J. A. Milller, en la misma intervención de Comandatuba, infiere que en la última enseñanza de Lacan es la Trasferencia el soporte del SsS. Es condición, entonces, la presencia del analista, “poniendo un cuerpo”, la voz, la imagen… también, para gestar un saber. Nos recuerda que el “inconsciente primario” como Saber, no existe.

En los tiempos de la inexistencia del Otro (no de sus efectos), es frecuente el encuentro con subjetividades impuestas por el establishment. Podríamos decir que parte de los síntomas del sujeto que recibimos, tiene que ver con este secuestro; con la soledad y el pánico para afrontar la pulsión, sin recurso simbólico. O bien nos llega evaluado con un diagnóstico pre-configurado en los manuales clasificatorios como el DSM5 o del CIE Pero son precisamente estos síntomas que el sujeto trae a consulta, el desafío y la posibilidad a la vía de entrada. Se trata de hacer con la acción analítica un saber soportable a la evidencia de que no hay relación sexual, pero sí hay la posibilidad de captura por una relación simbólica, donde la subjetividad pueda alojarse

r-acevedo@correo.cop.es

Ricardo Acevedo es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis, nº 20, “De la queja al síntoma”, 1997.
  2. Freud, Sigmund. “La iniciación al tratamiento” (1913). Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, p. 1671.
  3. Lacan, Jacques. “Psicoanálisis y cibernética o de la naturaleza del lenguaje”. El Seminario. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954-1955), Paidós, Buenos Aires, 1983, p. 435.
  4. Ubieto, José Ramón. «Freud y la IA: el porvenir de una ilusión», El Blog de José Ramón Ubieto (joseramonubieto.blogspot.com).
  5. Miller, Jacques-Alain. «Conferencia de Jacques-Alain Miller en Comandatuba», VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AMP (congresoamp.com)