Una nueva relación con la propia palabra

Alguien llama a la consulta del analista porque algo lo hace sufrir. No es aún un síntoma. Lo que lo trae es un goce que se satisface haciendo sufrir al sujeto en la repetición y que no pasa aún por el Otro1.

El inconsciente no está ahí de partida, como tampoco lo está el sujeto. Es función del analista dar lugar a la producción de ambos. Al principio de un análisis es necesario desplazar la posición inicial del sujeto, hacerlo responsable. Responsable viene de responder. Responder ante sí mismo es el verdadero pivote de la vía ética del psicoanálisis.

Éric Laurent en Modos de entrada en análisis y sus consecuencias2 se pregunta cómo definir la entrada en análisis de un modo diferente al “cuéntame tu vida”. Se entra en análisis cuando se instala un espacio que permita que el síntoma del que el sujeto se queja se ubique en un nuevo espacio subjetivo. Se entra en análisis cuando uno puede comprender que el síntoma del que se queja tiene que ver con una verdad propia que habla a través de este síntoma, y más aún, puede consentir a esta verdad que antes de su entrada en análisis se negaba a reconocer. Es un franqueamiento. Aparece una nueva relación con la propia palabra: escuchar que uno dice algo que no sabía que decía.

Como paso previo a la interpretación en los años 50 Lacan dice que hay que obtener una rectificación subjetiva, que es ya del orden de la interpretación. En “La cosa freudiana” dirá que la fórmula general de la interpretación es la implicación de un sujeto. Se entra en análisis cuando la función de la causa se introduce en nuestro campo3. Necesitamos poner en marcha esta máquina de interpretar para que el proceso analítico dé comienzo. Necesitamos que el sujeto hable de lo que ha interpretado de lo que le pasa (¿por qué me pasa esto?) o de cómo no ha podido interpretar en absoluto, en el caso de una psicosis esquizofrénica, por ejemplo. Para orientarnos sobre si el sujeto ha podido o no interpretar lo que ha vivido están las entrevistas preliminares.

Si el sujeto tiene una interpretación sobre los hechos de su biografía a menudo esta interpretación es inconsciente, es decir, está en potencia. Es aquí donde entran en juego la transferencia y la interpretación. La interpretación es creacionista en la medida en que permite al sujeto darse cuenta de aquello que estaba en potencia en su decir.

Respecto a la transferencia, la posición de Lacan dentro del movimiento analítico, dice Laurent, fue original, ya que, para él, no designa un proceso afectivo sino un proceso cognitivo, un amor epistémico que se deduce del saber. Si uno ama al analista apuesta a que hay un saber en el Otro simbólico que puede ayudarlo a reencontrar su estado original perdido.

La dificultad, dice Laurent, es cómo apuntar a eso de lo que el sujeto no sabe, cómo sorprender al paciente. Esto puede convertirse en un infierno para el analista, que debe estar entrenado para ocupar el lugar del Otro de los significantes y salir del lugar imaginario. La entrada en análisis es el pasaje del estatuto imaginario de la palabra a su estatuto simbólico. Hay que apostar por ese espacio donde el paciente puede hacer la experiencia de la eficacia simbólica, del poder que las palabras recibidas han tenido sobre su cuerpo y su existencia. El sujeto al entrar en análisis hace la experiencia del poder de la palabra, no del poder del analista.

La maquinaria analítica es un aparato de producción de ficciones. Freud sugería esperar a la instalación de la transferencia para empezar a interpretar. Lacan más bien dice que interpretamos para que se instale la transferencia. Empezamos haciendo resonar lo que leemos en los dichos del paciente y eso produce algo, la suposición de un saber en el Otro respecto a mi sufrimiento. Y con suerte, produce también un deseo de seguir dirigiéndome a ese Otro que toma nota de mis interpretaciones y se las arregla como puede para, no solo no dejarme encerrado en ellas, sino para producir cada vez un movimiento de ir más allá.

Dice Laurent en La interpretación ordinaria4 que la interpretación no es una lengua suplementaria. Es algo a partir de lo cual el sujeto puede reconocer lo que le era ajeno como formando parte de él. Es como traducir al sujeto en su propio texto, no un mensaje de una lengua a otra.

En el otro del sujeto están las marcas mediante las cuales se apoderó del lenguaje común para transcribir sus experiencias singulares. Esas marcas siempre estuvieron allí inscriptas en una serie de fenómenos que van desde el fenómeno elemental a la fijación erógena, el trauma o el uso casi neológico de palabras comunes. La interpretación consiste en usar esos elementos que ya estaban ahí y llevar al sujeto a apropiarse de ellos y hacerse cargo del goce/sufrimiento que han producido.

beatrizgarcim@hotmail.com

Beatriz García es miembro de ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Brodsky, Graciela. “El síntoma analítico, su interpretación y sus usos”. La práctica analítica, entre real y ficción. Grama Ediciones, Buenos Aires, 2024, p. 27.
  2. Laurent, Éric. Modos de entrada en análisis y sus consecuencias. Ed. Paidós. Buenos Aires, 1995, p. 11.
  3. Ibid, p. 21.
  4. Laurent, Eric. “La interpretación ordinaria”. Freudiana nº76. Barcelona, 2016.