La interpretación entre la poética y el chiste
Las entrevistas preliminares son fundamentales para crear las condiciones de entrada en análisis de un sujeto que consiente a la asociación libre, se interroga sobre su malestar y le supone un saber al analista, pero también a su propio inconsciente- intérprete. A esta disposición que se espera del candidato a un análisis, el analista tendrá que responder prestando su persona como soporte de la transferencia así como sus palabras que deberán cobrar el valor de una interpretación analítica, a saber: la que no enjuicia, no adoctrina, no utiliza la sugestión, no hace pedagogía y renuncia al furor curandis. Palabras que producen efectos que no se dan en otros contextos y sobre los que seguimos interrogándonos como demuestran las XXIII Jornadas de la ELP.
El psicoanalista lacaniano no dispone de reglas protocolarias, por lo que no puede ampararse en ninguna tipología de la interpretación. Cuando interpreta está a solas con su libertad, “único amo en su barco”1 deberá encontrar el modo y la ocasión de hacer una interpretación justa sostenida en la transferencia. A falta de normas preestablecidas, el riesgo corre a cuenta del deseo del analista.
El síntoma
La pareja transferencia-interpretación tiene como horizonte el síntoma que, como Freud descubrió, es un mixto de significación inconsciente y satisfacción pulsional. Lacan se centró cada vez más en la clínica del síntoma y del sinthome, lo que le permitió transitar del inconsciente transferencial al inconsciente real.
Esta orientación, aunque procede de su última enseñanza, debe ponerse en marcha desde la primera entrevista que abre la partida de un análisis, hasta la última con la que finaliza. Parece muy complejo producir en las primeras entrevistas una interpretación que toque a la vez el semblante y lo real. Sin embargo, no es algo excepcional, a juzgar por lo que nos dice Lacan: “No hay una sola interpretación que no concierna -en lo que ustedes escuchan- al lazo que se manifiesta entre la palabra y el goce. Puede ser que ustedes lo hagan de manera inocente, sin que se hayan dado cuenta de que nunca una interpretación quiere decir otra cosa, pero, en fin, una interpretación analítica siempre es eso”2.
Un asunto de resonancias
La afinidad entre interpretación y resonancia la encontramos en la primera enseñanza de Lacan, concretamente en el Escrito “Función y Campo de la palabra y el lenguaje” (1953) en el capitulo titulado “Las resonancias de la interpretación y el tiempo del sujeto en la técnica psicoanalítica”. El hecho de que Lacan introduzca este capitulo con un poema de Antoine Tudal indica cuál era su temprana posición respecto a la técnica psicoanalítica. Su técnica, si es que la hay, deja de lado las reglas para inspirarse en la poética y nos lo dice con una bella metáfora; “El psicoanálisis consiste en pulsar sobre los múltiples pentagramas de la partitura que la palabra constituye en los registros del lenguaje: de donde proviene la sobredeterminación que no tiene sentido si no es en este orden”3. Efectivamente, para implicar al sujeto en sus dichos sobran las explicaciones, lo importante es que el analista sepa cómo pulsar las teclas con las palabras que escucha. De este modo sortea las resistencias, hace resonar el vacío y toca el goce del cuerpo.
Las inquietudes de Lacan
En el Seminario “Aún”4 Lacan muestra su desesperación al descubrir que la experiencia analítica acoge y hasta fomenta el goce del blábláblá. Desde entonces no cesó de concebir las maneras de impedirlo: sesiones ultra cortas, interpretaciones enigmáticas, pequeños golpes que impidieran al hablante acunarse en el goce del sentido.
También le vemos inquieto en la última clase del Seminario 24 donde se plantea si podemos estar seguros de que los efectos de la interpretación no se deriven de la sugestión. ¿Cómo volver a pensar la interpretación analítica? Lacan busca un renovar el significante al modo del decir poético “que es efecto de sentido, pero también efecto de agujero.
“No hay más que la poesía, se los he dicho, que permita la interpretación”5. Afortunadamente, nos aclara que él mismo no es lo bastante poeta y que no pretende que los analistas lo sean, pero sí que sepan utilizar la virtualidad poética que es inherente al lenguaje.
La complementariedad entre el decir poético y el chiste
“Nosotros (los analistas) no tenemos nada bello que decir. Es de otra resonancia que se trata, a fundar sobre el chiste. Un chiste no es bello. No se sostiene sino por un equívoco o, como lo dice Freud, por una economía”6.
Como el poema, el chiste consigue que, con un ligero retorcimiento de la palabra, se provoque un efecto de sorpresa y un efecto de goce. Nos morimos de risa, nos partimos de risa, lloramos de la risa, porque, por un instante, se da una extraña conexión entre significante y letra. Conexión que “responde al síntoma acontecimiento de cuerpo con un acontecimiento de decir”7.
rosamarialopezs@telefonica.net
Rosa López es miembro de la ELP y AMP.
Notas:
- Lacan, Jacques. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2. Editorial Siglo XXI, México,1987, p. 78.
- Lacan, Jaques, “Hablo a las paredes”. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012. p. 31.
- Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1. Editorial Siglo XXI, México, 1987, p. 564
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2008.
- Lacan, Jaques. “Le Séminaire: L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre” ( 11 de enero 1977), Ornicar ? nº 14. París, Navarin, 1978, p. 8.
- Lacan, Jacques. “Hacia un significante nuevo” IV. Clase del 17 de Mayo 1978. Inédito.
- Laurent, Eric. «La interpretación-jaculación», Intervención en Bruselas, 2018-10-13.