La importancia del detalle

Introducción

Los psicoanalistas que trabajamos en centros de salud mental infanto-juveniles públicos no atendemos según el dispositivo clásico del psicoanálisis, ni nos enfrentamos al mismo tipo de demandas, pero no dimitimos de tomar en serio al sujeto infantil o adolescente, orientados por el discurso del psicoanálisis que instaura las coordenadas simbólicas necesarias para que se pueda dar la experiencia del inconsciente, sea en el lugar que sea en el que se sostiene la práctica.

Los chicos y chicas nos llegan, la mayoría de las veces, traídos por otros, ya sean éstos familiares, referentes educativos, sociales o médicos. También, la mayoría llega tras un cierto recorrido por otros servicios o profesionales, donde muy a menudo han sido sometidos a protocolos de pruebas o tratamientos en los que tanto el sujeto como el profesional quedan silenciados, omitidos, des- responsabilizados. Uno des-responsabilizado de su acto y el otro de la posibilidad de tomar a cargo algo de su malestar.

Estos enfoques de la salud mental actual parten de una concepción del síntoma totalmente opuesta a la del psicoanálisis, a saber, el síntoma es algo a eliminar o someter bajo los ideales de normalidad y salud, lo que implica la negación del sufrimiento como condición de la vida y la subjetividad humana.

Los psicoanalistas partimos en cambio de una concepción del síntoma entendido como nudo de la subjetividad, como un funcionamiento particular del sujeto que tiene su función en dicha subjetividad y, por tanto, el modo de intervención es radicalmente opuesto al descrito anteriormente1.

Operar a partir del detalle para producir el encuentro

Entonces, para subvertir la posición en la que llegan los niños tras estos vía crucis, será crucial que en las primeras entrevistas sean recibidos desde esta posición distinta y que lo capten. Una posición que deja apartado el saber de entrada y que está atenta y da valor a los detalles de lo que los sujetos pueden manifestar y que no siempre se dará en forma de relato estructurado. En las entrevistas de acogida con cada niño, podemos ubicar manifestaciones descifrables del lado del sentido, pero también hay otras del lado del agujero (troumatisme) o del exceso (tropmatisme)2, constituyendo todas ellas detalles clínicos preciosos y precisos de su subjetividad.

Ahí es donde está la posibilidad de que, a partir del reconocimiento por parte del analista de esa manifestación en cada caso, el sujeto pueda encontrarse con algo propio que no sabía aún e iniciar la construcción de su demanda que, a su vez, será la condición para que se pueda dar algo de la experiencia del inconsciente.

Este reconocimiento puede operarse tomando pequeños detalles clínicos, por ejemplo, subrayar el peso específico de un significante que se repite, o tomar un primer dibujo que nos es entregado y que se reconoce como una primera construcción que nos dirige el sujeto sobre lo que no va para él, o devolviéndole a un adolescente una primera interpretación de lo que parece que le pasa señalando una repetición escuchada en el relato de su historia, o ubicando y reconociendo el contenido de una alucinación como algo a tomar a cargo cuando nos la cuentan por primera vez, etc.

Es decir, desde la posición del analista se pueden captar y señalar detalles clínicos que se dan ya de entrada y que constituyen una primera manifestación de lo que no va para ese sujeto en su relación con lo Real, y que nos está dirigiendo. Si el sujeto se siente concernido por esta primera operación, se abre la posibilidad de un encuentro que abra un trabajo distinto sobre su malestar, en el que él quede incluido.

Obviamente, no hablamos del encuentro en tanto que relación interpersonal, ni en tanto que vínculo, sino de un encuentro que tiene otro estatuto. Se trata de un encuentro que es sincrónico, que se produce como efecto de una operación y que supondrá la marca de un antes y un después. Es el encuentro entre el sujeto y un saber que no sabía que tenía, y que abre una posibilidad que no existía antes, la de producir la experiencia del inconsciente.

Para preservar que se pueda dar esta posibilidad de entrar en otro tipo de abordaje del síntoma de los niños, los analistas en instituciones debemos estar advertidos de la impregnación que tiene el discurso de la salud mental actual con sus ideales en todos los dispositivos de atención y seguir sosteniendo el discurso del psicoanálisis desde lo que Miller nombró como lugar Alfa3.

carotarrida@hotmail.com

Carolina Tarrida es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Tizio, Hebe. La función del síntoma. Ed. Universidad de Granada, Granada, 2015, pp. 17-23
  2. Miller, Jacques-Alain. Prefacio a L’inconscient de l’enfant. Du symptôme au désir de savoir de Hélène Bonnaud. Ed. Navarin-Le Champ Freudien, 2013, pp. 9-14
  3. Miller, Jacques-Alain. “Hacia Pipol 4”, Freudiana 52. Barcelona, 2008.