Entrevista a Sara Rottenwohrer, artista plástica: “El silenciamiento institucional provoca una censura sobre lo íntimo y lo familiar”

Sara Rottenwohrer es una joven artista plástica con la que hemos tenido un interesante encuentro para hablar acerca del malestar contemporáneo.

L.R.: La primera cuestión que quisiera proponerte es ¿Cómo entiendes los malestares contemporáneos? Y si hay alguno de ellos que te parezca especialmente preocupante a ti, si pudieras comentárnoslo.

S.R.: Yo estoy trabajando ahora mismo con otra artista, Emma Berger-Pierre; formamos un colectivo y trabajamos en Ginebra. Desde hace como tres, cuatro años, intentamos cruzar nuestras historias familiares, entre su historia familiar argelina y mi historia familiar española. Y uno de los puntos más importantes en nuestro trabajo es cómo solucionar de alguna manera o dar vías a un silenciamiento que hay, institucional, con respecto a varias historias nacionales que provocan de alguna manera una censura en lo íntimo y en lo familiar.

El marco de nuestra amistad ha permitido, un poco, poner palabras en esos vacíos, en esos olvidos, en esa falta de archivos para poder luego entablar discusiones en el ámbito de lo familiar también. Y por eso nuestro último proyecto es uno en el que, después de haber desarrollado esas discusiones en el ámbito familiar, hemos fabricado unas esculturas de cerámica que en lo formal tienen algo que ver con la digestión, con algo de lo animal, que está relacionado con la manera en que las historias han ido pasando por diferentes etapas, como las hemos ido procesando. Esas cerámicas contienen grabaciones de diferentes historias que emergen de huellas o de objetos del ámbito familiar.

Y de hecho, en los almanaques, estos pequeños libros que hacemos mensualmente, la historia no es lineal, está cortada por recuerdos, por eventos más subjetivos, que dejan más lugar a ciertas cosas que no están tan presentes en los discursos con respecto a la guerra de Argelia, o al franquismo, o al sida.

L. R.: Entonces, si estoy entendiendo, el silencio respecto a estos acontecimientos sería una de las manifestaciones del malestar contemporáneo, ¿no?

S.R.: Sí, exacto.

L.R.: Y en qué punto, Sara, piensas que tu perspectiva conecta con el otro, con el público?

S.R.: Pues, de alguna manera, conecta el hecho de usar el sonido en este proyecto escultural, el hecho de compartir narraciones e historias que vas escuchando, que te susurran esas cerámicas. Te tienes que acercar a esas esculturas para escucharlas, y al mismo tiempo te incitan a tener precaución, porque parecen frágiles. Hay un proyecto muy bonito de Abdessamad El Montassir, Trab’ssahl, en el que piensa en a quien se podría interrogar cuando hay silencios en la historia ; propone preguntar a los lugares, a las plantas, cuando faltan las palabras. Está el hecho también de que en nuestra instalación de esculturas haya una conversación que esté presente: ya estamos Emma y yo hablando, por lo que no entras en una intimidad individual, sino que estás entrando en una especie de comienzo de memoria colectiva, en el que igual te puedes incluir.

Luego también está el proyecto de los almanaques, de estos periódicos mensuales, que intenta conectar con otras personas, otros artistas. Invitamos a artistas cada mes para hacer una tarjeta postal que toma como punto de partida la mashrabiya, entendida como la relación entre el exterior y el interior, la memoria de un espacio, una partitura gráfica o un ornamento.

 

También hay entrevistas, y es como una manera de compartir nuestro proceso de trabajo: con recetas escultóricas, con crucigramas… La idea es compartir ese proceso artístico a través del formato del libro, que conecta con la gente porque atraviesa otros espacios que no son solo los museísticos, entrando en el espacio de lo cotidiano, o bueno, de otros momentos, otras temporalidades.

El proyecto de fin de máster, una investigación escrita, fue sobre el fantasma como proceso de ocultación de historias nacionales, pero también como herramienta de análisis de esos momentos oscurecidos o olvidados. Yo lo relacioné con una persona de mi familia, que era mi tío Juan, que falleció de sida en los años noventa, y que yo nunca conocí, pero conocí a través de todas sus obras presentes en todas las casas familiares.

Este trabajo fue intentar conectar con él a través de las personas que lo conocieron, a través de entrevistas con las personas que lo habían conocido. Fueron esos momentos muy bonitos, así como de conexión entre diferentes tiempos y diferentes espacios.

L. R. :O sea que a partir de estos trabajos se puede conversar, se puede hablar, ¿no?

S.R.: Sí, como una posibilidad de romper un poco esos silencios. Y claro, ponerlo en relación también con los intercambios que Emma tuvo con su familia con respecto a la guerra. Me contaba que había objetos en su casa como la cuchara de la guerra, y que no se sabía exactamente qué era. Ella fue preguntando para saber un poco más. Eran todo momentos de intercambio, con personas que también querían compartir finalmente esas historias, era como dar un contexto, un espacio, un tiempo para poder compartirlas.

Y sí, y el hecho de cruzar nuestras historias también nos permitía un poco desvelar cuales eran los ecos entre ellas. Esa cosa de, bueno, pues hay memorias sí hay receptibilidad política, si hay un lugar en el que esas historias pueden, sí, tener recepción para tener reparación de alguna manera. Entonces esas cosas también aparecen luego en nuestro trabajo más plástico también, en la forma.

L.R.: Gracias, Sara, por tu aportación, es muy interesante y mueve a pensar.

S.R.: Muchas gracias a ti por la entrevista.

 

 

 

Luisella Rossi es miembro de ELP y la AMP.