Entrevista a Marta Marín-Dómine: “Hacer preguntas sin esperanza de hallar la respuesta”

Escritora e investigadora, fue directora del Born Centro de Cultura y Memoria entre 2021 y 2023. Ha sido profesora en la Universidad Wilfrid Laurier de Waterloo (Canadá), donde ha dirigido el Center for Memory and Testimony Studies. También ha colaborado con grupos de investigación sobre memoria y literatura testimonial en la Universidad de Barcelona y en la Université Paris-Sorbonne. Su investigación y creación literaria giran en torno a los exilios y la memoria, las herencias y el olvido. Siempre tirando del hilo de la memoria, ha realizado las películas documentales The Vengeance of the Apple. Argentinians in Toronto (2010) y Mémoire Juive du Quartier Marolles-Midi, 1930-1942 (2012).

Partiendo de la idea de que la pieza artística es una interpretación particular de su tiempo, quisiera proponerle pensar en lo que podemos llamar los malestares contemporáneos a la luz de su obra como interpretación particular de éstos.

Primero quisiera señalar que, en mi opinión, toda obra artística es una interpretación de al menos tres tiempos: el biográfico, el social -que conecta al artista con el mundo-, y el del “no-tiempo” del inconsciente.

Considero, por tanto, que la obra es el reflejo de diversos malestares. Unos pertenecen a la propia experiencia del mundo, otros provienen del inconsciente y otros son el resultado del decalaje entre el sujeto creador respecto de ese ente que llamamos sociedad, entendida en un sentido amplio, como comunidad humana. Creo que es necesario tener presente esta noción de «comunidad humana», porque hoy en día la percepción de la sociedad en su diversidad tiene una importancia crucial en nuestros imaginarios.

Esta última observación me lleva a entrar directamente en la cuestión: creo que uno de los malestares que hoy se ha exacerbado tiene que ver con la noción de pertenencia. La movilidad humana no es un fenómeno nuevo, pero se ha hecho extremadamente presente en el siglo XXI. El cambio de país, por razones diversas, o el hecho de haber nacido en el seno de una familia inmigrante, tiene su interpretación en muchos procesos creativos, tanto plásticos como literarios y cinematográficos. La cuestión de la identidad relacionada con los orígenes familiares o bien de nacimiento, la necesidad de deshacerse de este tipo fijaciones y a la vez de preguntarse sobre los escollos de la construcción de un “yo” sin transcendencia son temas que percutan en mi creación.

Otro tema que también atraviesa mis libros es el de pensar el pasado en su confluencia entre los acontecimientos históricos y el universo familiar. Asimismo, surgen preguntas sobre las herencias, la memoria, la nostalgia, sobre las que me siento implicada en mi trabajo creativo.

Por último, y de gran importancia, es el hecho primordial de que la literatura del siglo XXI producida por escritoras se ha convertido en un espacio de representación y denuncia de las violencias ejercidas contra las mujeres. Este tipo de literatura significa una confrontación con una visión de la sexualidad que hasta ahora las dejaba fuera, y considero que merecería atención por parte de la profesión psicoanalítica (ya que las mujeres «sí hablan» de la sexualidad y del goce). En este sentido, obra de arte y movimiento social se alimentan. Hay estudiosas que afirman, por ejemplo, que este tipo de literatura no hubiese sido ni sería posible sin el movimiento #Metoo. Yo misma estoy trabajando sobre el tema.

Quisiera preguntarle por la forma en que cree que su obra pasa de lo privado a lo público, es decir, por la manera en que conecta con el otro, con el público.

Creo que siempre que abordamos puntos que conciernen los malestares actuales, los abordamos pensando que el público, o los lectores y lectoras en mi caso, se sentirán implicados -me gusta más el concepto de implicación que el de identificación. En el caso concreto de la literatura, el hecho de que los escritores y escritoras hablen desde una voz narrativa que no reproduce un yo heroico ni ejemplar -es decir, alejado de la visión romántica de la literatura- sino de un yo que es uno más entre muchos, que puede producir un eco en otros, muestra ya una manera de señalar el deseo de encontrar una relación entre obra y público que se aparta de la tradicional.

En sus dos obras escritas, Fugir era el més bell que teníem(2019, trad. al castellano, Huir fue lo más bello que tuvimos, 2020) y Diré que m’ho he inventat (2023),aborda la autobiografía desde la ficción. Quisiera preguntarle cómo piensa la relación entre ambas.

En mis dos libros he utilizado el yo como recurso narrativo ceñido a mi biografía, aunque con incursiones del género fantasioso en el segundo libro. La introducción del yo narrativo (lo que de manera abusiva se ha dado en llamar “autoficción”), sobre todo bajo la forma que se produce y se percibe en la literatura del siglo XXI, merecería un debate extenso. Por un lado, la actual literatura del “yo” permite abrir temas -el de las violencias sexuales, por ejemplo- que tienen lugar en las habitaciones a menudo sórdidas del ámbito familiar o de las instituciones (en el diván quizás se abren algunas de estas salas, pero los agresores permanecen en el mismo lugar silencioso que ha permitido sus actos).

Por otra parte, no deja de sorprender que la literatura llamada del yo produzca reticencia en algunos sectores, y que incluso se le haya atribuido ciertos aspectos narcisistas que supuestamente no comparte con otros géneros. La crítica realizada contra la literatura del yo es objeto de un tratamiento moral más que artístico. Se la compara con un selfie mientras se pasa por alto el hecho de que la voluntad del autor/a en su escritura no es embellecerse (como haríamos en un selfie), sino mostrarse lo más cerca -que una sabe y puede- de una de las posibles verdades que se quiere reflejar.

La incursión de este tipo de yo en el presente siglo creo que responde también a un tipo de malestar: el que produce el envejecimiento de ciertos modelos de comportamiento, muy en especial los que corresponden a las relaciones entre sexos, y que, a pesar de todo, permanecen todavía vigentes.

Y un detalle importante, la literatura del yo tal y como se practica hoy en día, se confronta con la autobiografía en el sentido que este género está atribuido a los “grandes escritores”. La literatura del yo, en cambio, pretende ser interclasista, y parte del principio que todo relato, incluso el propio, es una deformación a partir de lo recordado, y es aquí donde encuentra confluencias con la ficción. Eso queda claro en mi segundo libro.

Quisiera preguntarle también por cómo fue su encuentro con el psicoanálisis y si cree que ha tenido relación con su producción artística.

Descubrí el psicoanálisis por una compañera de la universidad que pertenecía a la ELP. No entender casi nada de Lacan fue seguramente un incentivo para la estudiante de literatura que era yo en los años 80 -es decir, imbuida de interés por la hermenéutica y el post-estructuralismo. Más tarde, entré yo misma en análisis y escribí y publiqué una tesis doctoral sobre Psicoanálisis y Lenguaje en catalán (Traduir el desig, Eumo, 2001) traducida al portugués de Brasil (Traduzir o desejo, Univ F. Minhas Gerais, 2015). He sostenido un análisis puntuado por la distancia, y creo que sí que ha influido en mi escritura, especialmente para permitirme la valentía de empezar a utilizar mi lengua de origen de manera creativa en un país ajeno a ella, y de hacerme preguntas sin ninguna esperanza por hallar la respuesta.

 

 

 

Dani Casellas Sulé es socio de la sede de Barcelona de la Comunidad de Catalunya de la ELP.