El niño del troumatisme*

El niño es un sujeto hablado, sujeto del psicoanálisis, porque está en el lenguaje y determinado por la estructura del lenguaje. En el niño en el que la represión ha operado es posible su entrada en análisis. El S1 suelto que ha hecho agujero, marca, a la espera de un sentido, puede encontrarse con un analista S2 y entonces el SsS lo enganchará al inconsciente transferencial y se incluirá en la historia. Son niños en los que hay una articulación discursiva; en estos casos, la pulsión está articulada en un circuito que pasa por el Otro y se hace ficción en el fantasma, contamos con la dimensión de las formaciones del inconsciente, puede haber puesta en forma del síntoma, cesión de goce, y entrada en análisis. En este supuesto, hablamos de inconsciente transferencial. Pero hay otra dimensión del inconsciente que es lógicamente anterior y vinculada al traumatismo de la lengua sobre el cuerpo. A este nivel, el inconsciente puede ser tomado como real, del orden de la letra. Vemos niños que están, de alguna manera, desconectados del Otro, niños violentos, inhibidos, silenciosos, etc. Están en un momento en el que no está el inconsciente transferencial, un momento en que lo que está es el inconsciente real.

En el Seminario 21 Lacan habla de troumatisme, “todos inventamos un truco para llenar el agujero (trou) en lo real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce troumatisme.2

El trauma es el choque entre las palabras y el cuerpo, mortificación del significante, pero también vivificación en una forma de gozar; ese lugar de saber y goce es inefable, pero hará borde, litoral en el cuerpo. Esto se produce si el niño consiente a ello, entonces habrá traumatismo con sus dos vertientes: “trou” el agujero que deja el objeto, acontecimiento que irrumpe más allá del significante, y un significante S1 que no encuentra su S2 y que insiste suelto como cadena rota. El trauma en el niño es anterior a la cristalización de la defensa.

“La defensa no tiene la estructura de una represión, está antes de ella. El parlêtre se encuentra directamente allí, crudamente, confrontado a lo real, sin interposición del significante (…) En el niño, sucede que se interviene cuando la defensa no ha cristalizado todavía. Tal situación ofrece una oportunidad que hay que aprovechar.”3 Frente al agujero “trou” se inventa, ese invento es defensa.

La defensa no es del orden el desciframiento, no se interpreta, se perturba, se perturba el goce en el sentido gozado. “El analista apuesta a sorprender algo cuya incidencia original fue marcada como traumatismo”4. Miller señala la posibilidad de intervenir en el intervalo antes de la vuelta de lo real al mismo lugar “en este intervalo hay un espacio para que el analista sorprenda indirectamente sus emergencias fugaces.”5

Lo que podemos hacer en cada niño es escuchar las diferentes maneras en que ha sido afectado por palabras que no comprende, pero a cuyo goce no ha sido indiferente, sorprendiendo esos significantes próximos a lo real. Extrayendo las marcas de goce de su decir se podrá orientar la intervención sobre esa defensa no cristalizada, molestándola. De esta manera, será posible para ese niño dilucidar el inconsciente del cual es sujeto, habrá entrada en análisis y una invención sintomática singular, más soportable.

En la psicosis

Hay otros casos en que se ha rechazado el inconsciente, en que no se ha producido la extracción del Uno del goce, no está la marca significante en los bordes del agujero y el S1 suelto vuelve en lo real. Aquí no se trata de perturbar la defensa, sino de cernirla, fortalecerla. En los niños con autismo sería proteger y contener el cuerpo, perturbar ese repliegue del cuerpo apuntando a desplazar un “neoborde”6 según señala Eric Laurent. Siempre será uno por uno.

En cualquier caso, acoger la palabra de los padres y conocer donde está ubicado el niño en la pareja parental.

Trabajar con los niños del trauma es la posibilidad del analista de ubicarse como un objeto a ser utilizado según convenga en cada sujeto. Esto podría abrir a un trabajo analítico. No se aspira a la eliminación del goce del trauma, ya que es el motor de la vida, pero sí a una reducción que lo haga menos sufriente y más vivible, la vía sintomática. No pensamos que las marcas de goce, escritura singular en los bordes del “trou-matisme”, se inscriban en las neuronas como algunas “terapias del trauma”7 plantean. Estas terapias proponen la curación de los efectos del trauma accediendo a los recuerdos traumáticos, utilizando el mismo sistema de procesamiento que utiliza el cerebro para aprender. Para el psicoanálisis no se trata de recordar en el trauma, sino de inventar allí donde no hay; inventar un síntoma.

lianavelado@gmail.com

Liana Velado es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 21. Los no incautos yerran, Lección del 19 de febrero de 1974. Inédito.
  2. Ibid.
  3. Bonnaud, Helène. “Prefacio de Jacques-Alain Miller”, El inconsciente y el niño. Gredos, Barcelona, 2021, p. 14.
  4. Lacan, Jacques. “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 261.
  5. Miller, Jacques-Alain y otros. “De la sorpresa al enigma”, Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires, 1995, p. 191.
  6. Laurent, Éric. La batalla del autismo. Editorial Grama, Buenos Aires, 2013, p. 84.
  7. Instituto EMDR.