La buena suerte de analizarse

¿Qué es un comienzo? En general no sabemos lo que es, los mitos intentan responder, también la ciencia, a su modo. Al comienzo era el verbo, narra muestra tradición. Eso nos toca. Lo que quiera que sea, un comienzo implica un antes y un después donde emergen nuevas posibilidades. Un psicoanálisis es una máquina de crear lo nuevo. Más allá de eso, comenzar, actúa en el presente sobre lo que concierne a la potencia del pasado.1 ¿Cuáles son las condiciones sobre las que se producen ese nuevo en psicoanálisis?

Comienzo en forma de palabra

Antes del encuentro con un analista, alguien se da cuenta de que necesita ayuda: “no puedo resolver esto solo”, “necesito hablar con alguien”, “necesito entender, mejorar”. Lacan decía a quien le demandaba ayuda, que era necesario que hablase. Solo entonces podrían hacer algo juntos. Era necesario un esfuerzo2, para decir en palabras de Miller, “el acontecimiento del pensamiento”, y de esa forma, ver, como eso de articulaba con el acontecimiento de cuerpo. La pregunta es, por lo tanto: ¿de qué manera el hecho de expresar lo que pasa en el pensamiento es capaz de producir otro decir diferente de aquel que se repite?

De ello se deduce que para instaurar la práctica psicoanalítica3, es preciso hacer del sufrimiento un decir, o sea, hacerlo articular al significante. Sufrimiento ese que tiene su propio lenguaje en cada sujeto, debido a la arbitrariedad de los significantes, que han marcado su vida: lo que se refiere a la historia de cada uno. A la incidencia de las frases, palabras dichas o silenciadas en su entorno. A la necesaria articulación del sufrimiento del sujeto se suma que, en la libre asociación, lo dicho tomará la forma de otro decir, es decir, la forma de un decir inconsciente, porque, en el dispositivo analítico el sufrimiento se dice sin saber lo que se está diciendo; sin embargo para aquel que habla y quiere ser escuchado, el sufrimiento quiere ser síntoma.

Provocado a propósito del apólogo de Juan “En el principio era el Verbo”4, Lacan responde: En el comienzo del análisis en todo caso, esto es cierto. Sin embargo, toma una decisión crucial recordando la presencia de la carne como lugar encarnado de la palabra, haciendo converger de ese modo, desde el inicio de la experiencia analítica el drama originario del ser hablante.

“Para el ser hablante, las cosas comienzan, el drama solo comienza, cuando existe el verbo y él entra en la jugada, cuando se encarna. Es cuando el verbo se encarna que las cosas comienzan a ir muy mal…”5

A partir del momento que pedimos ayuda al analista, ya habitamos un cuerpo que padece del significante, de un acontecimiento que ha perturbado su homeostasis, y que está en el origen del fracaso del arreglo, con el cual, hasta entonces, el sujeto se defendía de su goce. Así podemos agregar que desde el principio está el goce. Establecido esto, ¿qué podemos extraer para el comienzo de nuestra práctica, de esta estructura engendrada por el impacto del lenguaje en el cuerpo?

Porque hablar de comienzo

Saber cómo comienza un análisis es establecer las condiciones que favorezcan un buen resultado. Para eso, es preciso, como dice Lacan6, al hablar de su enseñanza, determinar cómo un analista se puede sostener.

“Trato de determinar con qué un analista se puede sostener, qué aparato -si puedo decirlo así- implica el riguroso aparato mental de la función del analista.7

Existe, sin embargo, una dificultad intrínseca a los analistas para sostenerse en un buen lugar. Por eso, siguiendo a Lacan, es esencial establecer a qué barandilla agarrarse para no resbalar de su función.

“Porque cuando se es analista, siempre se siente la tentación de resbalar. Hay que saber ser riguroso porque se debe intervenir de manera sobria y preferentemente eficaz. Para que el análisis sea serio y eficaz, procuro dar las condiciones.”8

Esas condiciones habían sido al principio formalizadas como un algoritmo, el de la transferencia,9 donde se pone en marcha el aparato significante que hace decir lo que el sufrimiento no sabe de sí mismo, funcionamiento ese que crea una ecuación con un elemento libidinal: el ágalma. A esta altura Lacan dirá que en el principio está la transferencia.

Más allá del ágalma, a lo largo de su enseñanza, la función del goce se destaca en el lazo analítico. Un superyó, propio a la experiencia analítica, se convierte en un aliado del cumplimiento de la regla fundamental: “diga toda la verdad”. También cabe destacar, según Lacan, que más allá de un aliado, tenemos con el goce un partenaire importante.

“Si no hubiera eso (el goce), no veo por qué ¡por qué estaríamos juntos en esto! Si no hubiese el Verbo, que hay que decirlo, da placer, ellos se regocijan todas esas personas que vienen a mí por qué volverían si no fuera para disfrutar juntos del verbo”10

De ahí se extrae que, desde el principio, debemos estar atentos a la aparición de algo que tenga índice de esa dimensión libidinal en el discurso del analizante: una palabra cargada de afecto, una escena enigmática, una nueva conexión que provoque satisfacción, una articulación donde se muestre un patrón repetitivo. Indicios que pueden surgir de los primeros recuerdos infantiles, de narraciones de traumas, de momentos de ruptura en la vida cuando todo toma otro camino, de sueños que no se pueden olvidar, de otros frecuentemente repetidos.

En forma de a

En la primera sesión, el analista me pregunta qué había producido de saber en el tratamiento anterior. Respondí que sabía cuál era el deseo de mi madre. Él interviene: “Si usted sabe cuál es el deseo de su madre, un análisis no puede hacer nada por usted”. Esa noche tuve un sueño en el que ella estaba muerta, haciéndome recordar una escena traumática de mi infancia, hasta entonces totalmente olvidada. Escena que se volvió el vector de mi análisis hasta la construcción de mi fantasma fundamental. Ese primer encuentro con el analista -que hizo volar en pedazos mi respuesta sobre el deseo del Otro- produjo el sueño y el recuerdo, donde era posible leer mi identificación con el objeto de goce del Otro, ilustra el goce ya había sido incluido y expuesto entonces, en la primera sesión, desde que comencé a analizarme.

Nuestra práctica se liga a desenmascarar la relación con el goce y puede sostenerse, como leemos en el Seminario De un Otro al otro, en tres expresiones que dan forma al tratamiento: el goce como extraído y perseguido, el Otro como lugar donde eso se sabe y el objeto a que es el pivote de la historia. De ese modo, enfatiza Miller, sólo hay estructura en la experiencia analítica a condición de que se incluya al objeto a11imponiendo a la estructura una orientación.

Retomo, del título de esta intervención, la palabra bonheure, felicidades/buena suerte, recordando que Lacan, en ese Seminario, afirma que no hay felicidad si no la del objeto a; no del objeto perdido irremediablemente, sino el objeto a separado del fantasma que obturaba la falta.

La buena suerte de analizarse

¿Qué lugar da Lacan a la contingencia en su última enseñanza? Una importancia fundamental, a tal punto que para él la clínica debería interrogar al análisis, pero también cuestionar al psicoanalista con el fin de que él pudiera dar cuenta de lo que en su práctica habría de accidental12.

Es en este sentido, de dar cuenta de lo accidental, como se concibe la contingencia lacaniana. Ella implica que nos podamos servir del azar a condición de restringirlo a la contingencia, o sea, como analistas sólo nos interesa lo accidental que viene a transformarse en un hecho de discurso, en un decir que dejaba un trazo. Esto es, aquello que por casualidad se deja interrogar por lo simbólico13, que se deja de algún modo manipular por nuestras operaciones con el significante.

Destaco algunas formas de restricción que constituyen la contingencia lacaniana.

1) Sólo nos interesan los accidentes que dejan sus huellas. 2) En términos lógicos, interesa lo accidental pensado como contingente en el interior de los cambios operados por Lacan en el funcionamiento del cuadro modal clásico. Cambio hecho para ajustarse a la estructura del hablanteser, donde ciertas cosas nunca dejan de repetirse, otras nunca ocurren como esperábamos y algunas que contingentemente emergen dejando nuevos rastros.

La restricción en el campo del azar se da también al situar la contingencia en el campo estratégico de la transferencia, como una modalidad lógica que se opone a la repetición. La transferencia apunta a lo nuevo en el camino del amor. Ella, que comienza en un régimen movido por la necesidad, entendido aquí como algo que se repite siempre del mismo modo, puede llegar a mostrarse como una imposibilidad. En otras palabras, hay un camino lógico en un análisis que va de la contingencia a lo imposible y que, a su vez, abre de nuevo la vía para escribir lo que no estaba escrito, ahora de forma singular, como respuesta a un real.

El analista tiene ahí su papel: “un partenaire que tiene la oportunidad de responder”, dice Lacan: “Vuelvo a poner en juego la buena suerte, salvo que, en esta oportunidad, esta vez, viene de mí y soy yo que debo proporcionarla”14.

Situar la contingencia en la transferencia, subraya Miller, es sin duda la condición para que sepamos manejar esa ocasión, esa ocasión provocada. Hay en el acto del analista algo que debe provocar una ocasión y que él debe proporcionar como una buena suerte.

En la primera sesión de mi recorrido analítico, presentada arriba, la intervención de mi analista sugiere esa ocasión provocada. Alcanza el corazón de la transferencia, la pregunta sobre el deseo del Otro. Agujero que yo había taponado, identificándome con un objeto que se colocaba como respuesta. Oír que un Psicoanálisis no podría hacer nada por mí, explotó mi saber constituido y la satisfacción allí encontrada, favoreciendo la contingencia. Vació la respuesta que me acomodaba en la repetición y provocó el sueño de la madre muerta ocasionando la inscripción del recuerdo que dejó su rastro conduciendo mi análisis por un largo tiempo. Evidentemente, la contingencia no tiene siempre el mismo tono. Lo que provocó el final de mi experiencia analítica, al contrario de un “nada puede hacerse por usted”, fue en cierta circunstancia, en aquella que fue la última sesión, oír a mi analista decir: “Llámeme”. En el contexto en que eso ocurrió, la contingencia escribió una nueva relación con el Otro, en la cual yo podía en una nueva alianza gozar de la vida con alguien, en vez de armarme contra el Otro y mortificarme atrapado en el desierto del objeto nada.

No puedo quejarme de la suerte que fue para mí analizarme, desde el comienzo.

 

Sergio de Mattos es psicoanalista, miembro de la EBP y de la AMP. Es miembro de la comisión científica de ENAPOL. Su texto está disponible en el Dossier de la AMP. Blog Nº 4. “Entrevistas Preliminares”

Traducción:

  • Begoña Conde, Socia de la sede de Vigo de la Comunidad de Galicia de la ELP
  • Leonardo Vilariño, socio de la sede de Vigo de la Comunidad de Galicia de la ELP.

Revisada por el autor.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. 1, 2, 3, 4, vol. 1. Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 234.
  2. Lacan, Jacques. (1975) “Intervention à la suite de l’exposé d’André Albert: Sur le plaisir et la règle fondamentale”, Lettres de l’École freudienne, núm. 24. Paris, 1978, pp. 22-24.
  3. Lacan, Jaques, (1968-1969) Seminário, livro 16: De um Outro ao Outro. Ed. Zahar, Rio de Janeiro, 2008, pp. 67-68.
  4. Entrevista antes de la tercera. Traducción del autor. Aquí vale la pena recordar la discusión sobre la traducción de logos donde está en juego lo hebraico de la tradición del primer testamento junto a la influencia griega presente en el autor.
  5. Lacan, Jacques. (1974) “Conférence de presse du docteur Jacques Lacan au Centre culturel français”. Rome, op. cit., pp. 6-26.
  6. Íbidem
  7. Íbidem
  8. Íbidem
  9. Este es un desdoblamiento de la inversión del signo saussureano que escribe el funcionamiento del lenguaje desde el punto de vista del inconsciente. El analista se ampara en ese aparato.
  10. Lacan, Jaques. (1974) “Conférence de presse du docteur Jacques Lacan au Centre culturel français”. Rome, op. cit., pp. 6-26.
  11. Miller, Jacques-Alain. 1, 2, 3, 4, vol. 1. Op. cit.
  12. Lacan, Jacques. “Ouverture de la section clinique”, Ornicar? núm. 9, Paris,1977, p. 14.
  13. Attié J. “Le hasard et la contingence”, La Lettre Mensuelle núm161, Paris, 1977, p. 18.
  14. Miller, Jaques-Alain. 1, 2, 3, 4, vol. 1. Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 227.