“Sujeto supuesto saber hacer con el goce”: condición del inicio del análisis
Ante la propuesta de escribir sobre la transferencia y la interpretación al inicio del análisis opté por acercarme a la cuestión desde el inicio de mi propio análisis, entendiendo que desde la convicción de lo vivido podría sacar consecuencias para orientarme como analista.
En el encuentro con la que sería mi futura analista se me impuso un “quiero ser como ella”. A posteriori, puedo leer en esta fórmula de la suposición de saber un anudamiento de los tres registros que escanden una suerte de temporalidad en la instalación de la transferencia.
En un primer momento, fue la dimensión simbólica de la suposición de saber la que resultó más evidente: ella decía cosas en las que yo encontraba una verdad que iluminaba. Sin embargo, no era suficiente esta dimensión para hacer una demanda de análisis, ya que había más analistas a los que yo les suponía el saber en esta dimensión.
En un segundo plano, reconozco la dimensión imaginaria. Mi futura analista se presentaba ante mí como una Gestalt de lo que yo deseaba ser no solo como analista, sino también como mujer. Ese “ser como ella” señalaba el encuentro con una “forma total […] gracias a la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración de su poder”1. Daba cuenta del encuentro con “una exterioridad”2 en la que apoyar la esperanza que hacía recaer en el psicoanálisis de poder salir del malestar que me aquejaba, convirtiéndome yo misma, a su vez, en alguien que permitiría al otro salir de su malestar. En la dimensión imaginaria, ya no me valían otros analistas, ya que no respondían a las marcas de mi imaginario, necesarias para que esa “forma total” se impusiera como “constituyente”3.
Estas dos dimensiones de la transferencia predisponían para la prueba final, verificar que la analista podía sostener la dimensión real de la suposición de saber. Es aquí donde las entrevistas preliminares se hacen necesarias. Solo si el sujeto se encuentra ahí con alguna interpretación del analista que le permite sostener la “suposición de saber hacer con su goce”, se instalará la transferencia efectiva que permitirá el trabajo del análisis.
¿Cómo fueron estas interpretaciones en mi caso?
La primera tuvo lugar en una de las entrevistas iniciales, yo le explico a la analista con todo lujo de elucubraciones teóricas las dificultades que quiero tratar en análisis. La analista me escucha y, cuando termino, exclama: “¡Cuántas cosas!” y me despide hasta el próximo día.
Esta interpretación la denominaré interpretación-embrague de goce. Tomo la metáfora del embrague, ya que es una interpretación que obliga a cambiar la marcha en relación con el goce del sentido.
Sin entrar en lo que yo decía, la interpretación señala un límite del modo de gozar con el que yo me presentaba, una indicación de “ahí hay un exceso que domina” que invita a la necesidad de un cambio de marcha para que la cosa funcione.
La segunda interpretación tuvo lugar en una sesión muy corta, en la que, como colofón al relato de una situación que no recuerdo, exclamo: “¡Cuando caen los ideales, qué gusto!”, ante lo cual la analista responde: “Ahí estás tú”. Se levanta y me invita a pasar al diván en la siguiente cita.
Esta interpretación, que podríamos llamar interpretación-atrapa singularidad, señala una marca propia que viene a abrir una pregunta: “¿Ahí estoy yo? ¿Qué hago con eso?”.
De este modo, quedó instaurada para mí la “suposición de saber hacer con el goce”, la vertiente real de la transferencia que pone en marcha el trabajo del análisis. La analista parecía saber qué hacer con mi goce y con mi singularidad.
¿Qué enseñanza extraer como analista de mi experiencia de la transferencia y de la interpretación al inicio del análisis?
En primer lugar, entiendo que la suposición de saber simbólica e imaginaria aparece de manera no calculada dirigida por las marcas indelebles del futuro analizante. Ante ello, como analistas, no nos cabe más que prestarnos a sostener la transferencia que recaiga sobre nosotros.
En las entrevistas preliminares, se pondrá a prueba la dimensión real de la transferencia y es aquí donde nuestras interpretaciones podrán despertar o no la “suposición de saber hacer con el goce” que permitirá el inicio de un análisis.
Estas interpretaciones tienen condiciones que las permitan ser interpretaciones-embrague de goce e interpretaciones-atrapa singularidad.
Por un lado, han de respetar una estricta “lógica” en relación con el discurso del paciente, una “lógica” que las lleva a ser “inapelables”. Cuando la analista dice: “¡Cuántas cosas!”, o “¡Ahí estás tú!”, son afirmaciones que no pueden ser cuestionados, ya que se derivan lógicamente de la exhaustividad de mi exposición y del “¡qué gusto!” de mi expresión.
Son también interpretaciones que no apuntan al esclarecimiento de una significación del decir del sujeto, cortan, en cambio, el sueño de sentido de la concatenación significante. Apuntan a algo por fuera de la significación, que señala el querer gozar que acompaña al querer decir4. Los significantes de la interpretación funcionan haciendo señas de lo que hay más allá del sentido del querer decir, sin engrosarlo.
Por último, son interpretaciones que apuntan a lo singular del sujeto, de modo que el sujeto puede oír ahí algo de sí mismo que no lograba escuchar, algo a lo que era sordo hasta ese momento.
Esperanza Molleda es miembro de la ELP y AMP.
Notas:
- Lacan, Jacques, “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Escritos I, Siglo XXI editores, México, 2003, p. 87. ↑
- Id. ↑
- Ibid., p. 88. ↑
- Miller, Jacques-Alain, La fuga del sentido, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 149. ↑