Prisa, urgencia subjetiva y trauma
Como bien leemos en el texto de orientación de este eje, Urgencias subjetivas en instituciones, escrito por Susana Brignoni, en la experiencia clínica es importante poder distinguir la prisa y la urgencia. En las instituciones en ocasiones eso aparece un poco enmarañado y es necesario un tiempo para poder introducir una diferenciación entre estas dos. Esto se agudiza tal vez más o se presenta de una forma casi imperante en el trabajo en instituciones con la primera infancia, donde pareciera haber una inversión de los tiempos necesarios para cada sujeto. El tiempo singular pasa a un segundo lugar en relación con los tiempos leídos desde la pérdida, es decir, aquello que no surge o estorba el desarrollo del niño y que requiere de la prisa del terapeuta. Todo lo que no se haga en la inmediatez, pareciera en algunos casos estar perdido para siempre. Este matiz que da cuenta de la angustia parental es a mi parecer una de las vertientes más complicadas de sortear, pero que, cuando se logra es posible orientarlo desde aquello que para cada sujeto se impone como urgencia. Sería incluso aquello que posibilitaría iniciar un tratamiento ya que permite cierto margen en el que, los niños, en este caso, puedan poner a circular su propio síntoma. Tal como lo dice Miller: “La urgencia es de alguna manera la versión terapéutica de la prisa”1.
Otra cuestión importante y que viene en un segundo tiempo, es que la urgencia que conlleva a despejar una demanda, no implica que se haya instaurado la transferencia. Ello requiere de un trabajo si no extenso, al menos detallado. Diría que es un punto central ya que, para quienes trabajamos en instituciones públicas o quienes han pasado por ellas, es fácil constatar que la transferencia puede estar ligada a la institución. En relación con ello, es interesante incluso ubicar la mejoría que en ocasiones se produce con el solo hecho de asistir o llamar a la institución para pedir una primera cita. Podríamos hipotetizar que ese esa primera llamada ya acoge algo o permite un primer filtro de aquel rebasamiento2 de la palabra con la que Lacan hace alusión a la urgencia.
Un tercer punto, aunque podrían incluirse muchos otros, caería del lado de la advertencia para el psicoanalista. Aquella primera demanda implica un trauma en tanto enigma. Incluso diría que el sujeto, o los padres en este caso, no saben muy bien lo que demandan, cuestión que podría leerse desde lo traumático en tanto que no se sabe y en tanto que la urgencia aparece cuando algo de la vertiente simbólica se rompe, abriendo una grieta que desvela lo traumático. Y es en este punto en que la agilidad, y no la urgencia del psicoanalista debería poder operar para ubicar al menos las coordenadas que permitirán un inicio del tratamiento, para acompañar así la recomposición o reconstrucción de aquello que se desvela de una manera fugaz.
Entonces, podríamos tomar la urgencia como orientación a partir de la cual iniciar un tratamiento. Tal como lo recuerda Miller se trataría de una intervención desde la urgencia3. Me parece una orientación interesante pensar el tratamiento desde la urgencia en la medida que, no se trata de deshacerse de ella, sino de hacer con ella y ser permeable por los senderos que puede conducir en lo que llamamos un inicio de tratamiento posible.
Responder desde esta perspectiva y no desde la prisa que implica la precipitación, mantendrá al psicoanalista en la buena posición. Si la urgencia permite cierta apertura, la prisa conlleva al cierre con una significación que obtura el trabajo desde lo singular y se circunscribe a una única respuesta posible. Es lo que constatamos casi a diario en las demandas de diagnósticos, o de pautas, solo por nombrar algunas. Incluso, un paso más, si la urgencia está desde el inicio de toda demanda, la prisa implicaría al terapeuta y su angustia.
Entonces, la pregunta en el trabajo institucional sería ¿cómo mantener y soportar la urgencia como brújula y que oriente el trabajo sin trastabillar en una lectura de la urgencia leída desde la prisa?
Hoy en día, diría que es de los puntos más difíciles, dada la facilidad de acceso a la información en internet, pero también a los ideales que se esconden bajo el yugo de la normalización y que insisten en una etiqueta, un diagnóstico o incluso una pauta. Es la responsabilidad que desde el psicoanálisis nos compete, mantener esta grieta abierta para que un espacio de trabajo de elaboración sea posible para los pequeños y no tan pequeños sujetos que asisten a la institución. Una dimensión posible que acoja la urgencia y que, al mismo tiempo mantenga una pregunta que permita una elaboración, pero también una invención.
Trinidad Valente es miembro bajo condiciones de la ELP.
Notas:
- Miller, Jacques Alain. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 20. ↑
- Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1. Siglo XXI, México, 1989, p. 227. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “Urgence”. Hebdo-Blog nº103, 23 de abril de 2017. ↑