La Psicosis Ordinaria: un significante

Los psicoanalistas lacanianos sabemos de la gran importancia del diagnóstico diferencial para el ejercicio de nuestra práctica. Freud en su investigación, fundamentalmente a partir del caso Schreber, y más concretamente en su texto Las neuropsicosis de defensa, nos sitúa frente a las diferentes invenciones que el sujeto puede dar ante las representaciones intolerables1. Como indica Santiago Castellanos en Locuras y soluciones singulares, para Freud serán las modalidades defensivas y de respuesta del sujeto ante lo intolerable lo que nos permitirá entender la evolución y las diferentes formas clínicas de la locura”2. Freud establece dos formas de defensa que permiten la distinción de dos estructuras clínicas, situando la disociación entre el afecto y la representación con la consiguiente represión como defensa propia de la neurosis y la negación de la representación y el afecto a lo que llama verwerfung como defensa propia de la psicosis.

Lacan retoma esta verwerfung traduciéndolo como forclusión, ausencia de un significante. Es decir, un significante no se incorpora al aparato simbólico del sujeto, dando lugar a un agujero. Esta manera que tuvo Lacan en su época estructuralista de entender la verwerfung Freudiana permitió el abordaje de numerosos casos que llegaban a las consultas de los psicoanalistas y que planteaban una duda significativa a la hora del diagnóstico. Eran casos, tal como nos cuenta Jaque-Alain Miller en Efecto retorno sobre la Psicosis Ordinaria3, que no podían considerarse totalmente como neurosis pero que, al mismo tiempo, carecían de fenómenos objetivos propios de las psicosis.

Jaques-Alain Miller habla de la psicosis ordinaria como una categoría lacaniana extraída de la última enseñanza de Lacan. Pero dice algo fundamental: “He inventado un significante”4. Es un significante que adquiere diferentes funciones. Podríamos decir que tiene una función nosológica y otra epistemológica. Desde el punto de vista nosológico Jaques-Allain Miller trata de esquivar la rigidez de la clínica binaria, “situando al tercero excluido del lado de la psicosis”5. Hay otra consecuencia importante; un replanteamiento del diagnóstico de la neurosis.

Desde el punto de vista epistemológico es una categoría que invita al saber sobre el sujeto, a descubrir caso por caso soluciones singulares que el paciente inventa frente a la ocurrencia de lo insoportable. Con esto volvemos a la defensa y a retomar la importancia del significante que falta en la psicosis. Lacan nos explica que el Nombre-del-padre puede ser cualquier elemento que ordene la vida del sujeto.

Si este elemento falla o desaparece, surge la desestabilización del sujeto. Pero esto puede ocurrir en las neurosis, desde el momento en que el neurótico también toma un elemento que ordena su mundo. ¿Qué diferencia, entonces, a las psicosis ordinarias? Aquí retomamos la frase de Jaques Lacan cuando se refiere a la estructura psicótica y habla de “Un desorden provocado en la juntura más íntima del sentido de la vida del sujeto”6. Jaques-Alain Miller nos orienta a situar este desorden en relación a una triple externalidad: social, corporal y subjetiva7.

Hay que escuchar al paciente, como él nos aconseja, con cautela, con tiempo. Estos pacientes vienen con un discurso que puede pasar por neurótico, expresando un malestar o esgrimiendo una demanda concreta, que enmascara un desorden. Es necesario buscar en ese discurso las posibles consecuencias de la forclusión del P0 y del Ф0. En los relatos sobre el trabajo, estudios, aficiones nos encontramos, en ocasiones, con un errar sin timón o un alejamiento cada vez más profundo de su entorno, inventando otras formas de estar en el mundo. También su lenguaje puede hablarnos de esa forclusión: su dificultad de decir, su lenguaje entrecortado o todo lo contrario, un desbordamiento metonímico sin pausa. Las quejas de una falta de concentración, de un imposible de retener nos pueden decir algo sobre su mundo subjetivo, su ruptura, su desorden. Su cuerpo, con trazas de intentos de amarre, difícil ahora de distinguir de las corrientes de moda; pequeñas anécdotas de sensaciones corporales acompañadas de la perplejidad del sujeto sobre las que no puede decir nada, puede mostrarnos algo esa ruptura. En otras ocasiones hablan directamente de un vacío, o de algo que les invade que no pueden controlar y frente a esto inventan sus soluciones, algunas encontradas en el consumo.

En este trabajo de escucha es importante localizar el momento del desenganche, para poder encontrar qué es aquello que le estaba sirviendo como Nombre del Padre , para poder, como Miller nos indica, apuntar hacia allí en la dirección de la cura y acompañarle en la búsqueda de su reenganche. Para Miller esto que le sirve de punto de capitón y le da cierta estabilidad en ese “desorden” es un CMB (Compensatory make-believe)8.

inmaculadama@gmail.com

Inmaculada Martín es socia de la sede de Valencia de la Comunidad Valenciana de la ELP.

 

Notas:

  1. Freud, Sigmund. “Las neuropsicosis de defensa”. Obras Completas. Tomo. I. Biblioteca Nueva, Madrid, 1983, p. 170.
  2. Castellanos, Santiago. Locuras y Soluciones Singulares. Grama, Buenos Aires, 2018.
  3. Miller, Jaques-Alain “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, Freudiana 58. 2010, p. 9.
  4. Id.
  5. Ibid., p. 11.
  6. Lacan, Jaques “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” (1957-58) Escritos 2. Siglo XXI. México, 1984, p. 540.
  7. Miller, Jaques- Alain “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, op. cit., p. 17.
  8. Ibid., p. 16.