Lo singular del encuentro. Decir, transferencia, goce

Si “no hay entrada posible en el psicoanálisis sin las entrevistas preliminares”1, cabe preguntarse qué sucede en éstas para que se abra la posibilidad de una entrada, que nunca estará garantizada. Podemos anticipar que ha de jugarse un encuentro singular, idea a la que nos aproximaremos en tres breves apuntes sobre decir, transferencia y goce.

Un encuentro del sujeto con su propio decir

Si el sujeto que se dirige al analista busca ser entendido, Lacan nos enseñó con su práctica2 a no comprender, y aún a responder sistemáticamente con el malentendido. El uso del malentendido por parte del analista puede mostrar al sujeto el hecho de que, quien no se entiende, es él mismo. En efecto, el sujeto que consiente a la asociación libre se encuentra ante un “no sé lo que digo”, hace la experiencia de una enunciación que se separa del enunciado. Se trata del encuentro con lo inconsciente, donde un decir propio emerge más allá de los dichos. Podemos afirmar, entonces, que si hay encuentro con el inconsciente, hoy aún, es precisamente por la vía de los desencuentros del malentendido.

La posición del sujeto ante la asociación libre, el consentir a hablar sin saber lo que se dice, pero reconociéndose concernido por ese decir, es fundamental para “abrir el espacio analítico”3. De ahí que Miller sitúe como criterio de analizabilidad la capacidad para asociar libremente, índice de si el sujeto puede establecer una nueva relación con su propio decir4.

La transferencia como encuentro y tropiezo

Nueva relación con el propio decir que se despliega por vía de la transferencia con el analista. Éste es empujado al lugar de semblante del objeto a, que encarna con su presencia para el sujeto que a él se dirige5. El sujeto encuentra en el analista a su otro y a su Otro, y en estas dimensiones despliega su demanda. El analista, como receptor de la demanda del sujeto, es incluido en una repetición libidinal, es tomado como figura imaginaria, pero también como Otro, sujeto supuesto saber sobre el malestar de quien consulta.

Decir que es sujeto supuesto saber sobre el malestar que afecta al sujeto, equivale a decir sobre su inconsciente. Esta otra dimensión es la que interesa a Lacan. No para responder encarnando el saber, sino para maniobrar estratégicamente desde este lugar y animar así a la producción del sujeto. La acción del analista apunta a sostener abierto el cuestionamiento del sujeto sobre su decir, sobre qué quiere decir lo que dice, custodiando la brecha entre enunciado y enunciación.

En efecto, es el deseo del analista el que va a permitir sostener la partida, ya que este lo separa de una identificación con el saber, contrariando así la tendencia al cierre del inconsciente. Podemos plantear que la transferencia sucede entonces entre encuentro y tropiezo porque se juega en el campo del fantasma y de la demanda al analista, a la que éste va a objetar.

Un encuentro con un modo singular de gozar

Lo que el sujeto va a encontrar, sorpresivamente, en el malestar que lo aqueja, es un modo singular de gozar, del que es responsable. Saber sobre este modo de gozar anticipa en mucho el recorrido posible de un análisis, pero las posibilidades de su inicio dependen de la posición del sujeto ante el encuentro con eso que lo afecta pero de lo que se satisface. ¿Puede jugar la partida con su “no querer saber nada de ello”, que lo va a acompañar en el camino? Porque si hay apertura del inconsciente, no es sin atisbar algo del goce en juego.

En efecto, consentir a la asociación libre implica que “en el mismo momento del advenimiento de la verdad aparece una carga de goce por el hecho de que el sujeto deja hablar, por su boca, a la verdad”6. Será fundamental la respuesta del sujeto ante la evidencia de esa carga de goce, ante ese encuentro insoportable, en una tensión que la transferencia, vía el deseo del analista, puede permitir sostener.

El encuentro no es sin sorpresa

El discurso analítico se despliega como estructura que acoge la contingencia. Si, por un lado, la sesión analítica se produce como automaton, del lado de la repetición, por el otro, la interpretación se produce como acontecimiento imprevisto, que capta al vuelo el decir del sujeto, su enunciación más singular. Lo paradójico es que el acontecimiento imprevisto se produce en la espera7, pues solo puede aparecer donde el sujeto espera algo siempre igual.

Así, volvemos al inicio para releer la asociación libre como la disposición del sujeto a un encuentro singular con su propio decir —vía el deseo del analista— que surge con efecto de sorpresa.

grasvice@copc.cat

Silvia Grases es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques.“De la incomprensión y otros temas”, Hablo a las paredes. Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 49. Citado por Berenguer, M. y González, J. en “Argumento”, web de las XXIII Jornadas de la ELP.
  2. Miller, Jacques-Alain., “Enseñanzas sobre la presentación de enfermos”, Matemas 1. Manantial, Buenos Aires, 1987.
  3. Miller, Jacques- Alain. Introducción al método psicoanalítico. Paidós, Buenos Aires, 2001, p. 66.
  4. Miller, Jacques-Alain. “Cómo comienzan los análisis” 
  5. Lacan, Jacques. Hablo a las paredes. Op. cit., pp. 106-107
  6. Laurent, Enric. “La lógica de las entradas en análisis”, Freudiana núm. 15. ELP – Paidós, Barcelona 1995.
  7. Miller, Jacques-Alain. Los usos del lapso. Paidós, Bs. As. 2004, p. 206