Interrogantes sobre la transferencia

Cada época tiene una figura del Otro que propone modos de regulación del goce, lo que no deja de tener consecuencias sobre la clínica analítica y sus fundamentos epistémicos. Los conceptos de transferencia e interpretación dan cuenta cuando los tomamos en una perspectiva de la historia de la clínica, de cómo han ido siendo elaborados en el devenir de los años. Podemos verificar los distintos modos de concebir la transferencia a partir de Freud que la sitúa de entrada en el registro del amor. Para luego evidenciar que la transferencia se presenta como Jano con dos caras que Freud distinguirá separando las vertientes del amor y la del odio, la transferencia positiva o transferencia negativa. La transferencia es al mismo tiempo motor de la cura, pero también obstáculo. Para Freud es un efecto ineludible que se presenta en los vínculos humanos, el psicoanalista, por lo tanto, debe estar advertido y preparado para responder. Freud entiende finalmente a la transferencia como un proceso que estructura el conjunto de la cura según el prototipo de la neurosis infantil. La neurosis de transferencia se establece como una segunda “enfermedad” que sustituye a la neurosis inicial y que debe encontrar una resolución. “Esta transferencia, que tanto en su forma positiva como en su forma negativa entra al servicio de la resistencia, se convierte, en manos del médico, en el medio auxiliar más poderoso del tratamiento y desempeña en el dinamismo del proceso de curación un papel de extrema importancia”1. Después de Freud se formularon otras concepciones de la transferencia entre las que adquirirá una importancia determinante en los años 50 el concepto de contratransferencia. La enseñanza de Lacan aparece en el momento donde esta concepción estaba en boga y a la cual responderá mediante una crítica que denuncia la reducción al registro imaginario del uso de la transferencia y el olvido de su dimensión simbólica. Se trata de la posición del analista en la cura y de su respuesta a los fenómenos transferenciales. La concepción que éste tenga de la transferencia será determinante para el destino de la cura. Fenómeno inevitable, debe ser tratada con una política por parte del analista. De lo contrario es una posición errática que conduce a lo que Freud denominaba: transferencia salvaje. En “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Lacan indica que es en el manejo de la transferencia en donde debe buscarse el secreto del análisis. La distinción entre el yo y el sujeto, discernida en el período del retorno a Freud esclarece desde donde debe operar el analista para no caer en las trampas de la sugestión narcisista. En su escrito “Variantes de la cura tipo” escribe: “Así el yo no es más que la mitad del sujeto, y aun así es la que él pierde al encontrarla”2. El goce en ese momento se sitúa en el registro imaginario y debe ser simbolizado.

Lacan hará de la transferencia uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis al que abordará repetidamente a lo largo de los años de su enseñanza. Lejos de concebir a la transferencia como un concepto diáfano la sitúa como un concepto problemático que plantea una crisis conceptual continua para el psicoanálisis3.

En el devenir de su enseñanza lo simbólico ira perdiendo el prestigio inicial al descubrir que el goce no puede ser totalmente regulado por dicho registro. Con el transcurso de los años lo real irá adquiriendo una importancia cada vez mayor hasta convertirse en fundamental para la orientación lacaniana. En su curso “El ultimísimo Lacan”4 Jacques-Alain Miller señala que, en el último periodo de su enseñanza orientado hacia lo real, Lacan sitúa a la transferencia como una sugestión efecto de los poderes de la palabra. Una sugestión que vuelve a su fundamento primero: el impacto del significante sobre el cuerpo que permite cierto tratamiento del goce.

Jacques-Alain Miller ha indicado que la mutación principal que afecta al orden simbólico en el siglo XXI es su concepción como una articulación de semblantes5. Estos cambios indican la pérdida de consistencia del Otro. Ya no se trata de un Otro amarrado y bien establecido sino por lo contrario de un Otro roto6.

En su ultimísima enseñanza Lacan recuerda que no todo es semblante y que existe un real. Es la inexistencia de la relación sexual lo que permite el vínculo social. El amor se presenta como un recurso para suplirla. ¿Qué consecuencias tiene el no hay relación sexual con “hay goce”? La clínica actual se efectúa más allá del nombre del padre, es una clínica de las variaciones del goce. Esta orientación encuentra sus fundamentos en la clínica de las psicosis y no en la clínica de la histeria. Si la psicosis evidencia al Uno sin el Otro. La transferencia en los tiempos del Uno solo nos plantea nuevos interrogantes.

cenareido.daniel@gmail.com

Daniel Cena es miembro de la ELP y AMP.

 

Notas:

  1. Freud, Sigmund. Psicoanálisis y Teoría de la Libido. Biblioteca Nueva-Madrid 1973, p. 2669.
  2. Lacan, Jacques. “Variantes de la cura tipo”, Escritos 1. Siglo XXI Editores. México 1976, p. 333.
  3. Mahjoub, Lilia. “La transferencia en todos sus estados” Revista El Psicoanálisis nº32, p. 107.
  4. Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan. Buenos Aires. 2013, pp. 144-145.
  5. Miller, Jacques-Alain. El inconsciente y el cuerpo hablante 
  6. Laurent, Éric. «Disrupción de goce en la locuras bajo transferencia». Virtualia, Revista digital de la EOL nº36.