Entrevista a Florencia Kettner: “La práctica artística surge ante todo de una necesidad de hacer”

El título de las próximas Jornadas de la ELP, Del malestar al síntoma: entrada en análisis, tiene un cariz marcadamente clínico, si lo tomamos en su integridad, sin embargo, si nos quedamos con la primera parte, Del malestar al síntoma, podemos ponernos a dialogar también con los creadores, con los artistas, que muchas veces parten de alguna forma de malestar para hacer con él su tarea, convirtiendo así su creación artística en una modalidad de síntoma, de signo de que algo no funciona y por ello es necesario crear algo nuevo. De esta manera, Lacan consideraba que los artistas “nos llevan siempre la delantera”, porque una creación artística es siempre una interpretación singular y única de aquello deja mella, que marca, que no deja de no escribirse para el sujeto artista.

Además, la apuesta del artista es que eso que produce, su obra, pueda llegar a otros, trascienda, haga un tránsito desde de su necesidad privada de crear a la suerte de conmover a otros al exponer su obra al público. Así de una manera u otra la vocación del artista es llegar con su obra más allá, llegar a tocar el “malestar en la cultura”.

Alrededor de estas cuestiones queremos hacerle algunas preguntas a la artista plástica y visual Florencia Kettner.

EM: ¿Cómo te toca el malestar de la época a la hora de crear?

FK: La práctica artística surge ante todo de una necesidad de hacer e igualmente de una forma de comunicar, es una forma de ver la vida.

Mi trabajo está impregnado de la realidad que nos rodea.

Hay una parte de la práctica artística que se apoya en un intento de comprender lo incomprensible de las acciones de los seres humanos.

Guerras de alta y baja densidad, víctimas y victimarios, el papel de los medios masivos de comunicación, el rol de las mujeres en nuestra sociedad, el colonialismo pasado y presente, el trabajo esclavo, las migraciones…

Evidentemente, percibimos malestar cuando las necesidades básicas están cubiertas; en Palestina, ahora mismo, las personas no sienten “malestar”, sino que están viviendo una tragedia. Es en el dolor de los otros donde experimentamos nuestro malestar.

Si entendemos que somos parte de un todo, de una masa compacta de seres, que el mundo es uno solo y que debemos compartirlo, cuidarlo y cuidarnos, aunque no conozcamos en lo absoluto a las personas que viven al otro lado del planeta, podemos sentir empatía y pesar por su situación. De la misma forma que es muy preocupante un gran incendio en Argentina, España o China, aunque más no sea por comprender que compartimos la misma atmósfera. Es el mismo mundo, esto es una obviedad, pero creo que no solemos pensarlo de este modo ni mucho menos proceder en consecuencia.

Son interesantes las cuestiones que no se quieren ver, que no interesan decirse. Apuntar con el dedo en dirección a “lo que no se habla”, intentar desvelar lo que incomoda.

Hacerse preguntas continuamente sobre la realidad que nos atraviesa, plantear las cuestiones que están en la sombra, lo invisible, lo indecible.

Y dudar, dudar mucho y seguir haciéndose preguntas. Permitirnos también las contradicciones, los cambios de opinión, la búsqueda continua.

 

Angelus Novus, 210×175 cm, Serie Ruido-señal

 

Hay también una incomodidad en ese inevitable servir al sistema, en la incapacidad de trabajar fuera de unos límites que se perciben muy acotados. La investigación artística precisa una cantidad de libertades que muchas veces se topan con normativas o leyes que entendemos innecesarias, ilógicas o que directamente van en contra de la creatividad de todo ser humano. Cada vez más se vive de manera automática, sin espacio-tiempo para cuestionar lo que nos rodea. La imaginación excede a la forma de vida actual.

EM:¿De qué manera te planteas la incidencia de tu obra en el malestar de la época?

FK: Parte de mi forma de trabajar en pintura y dibujo es con la improvisación, de manera automática. Mientras se trabaja intuitivamente surgen formas y nuevas ideas. Del “accidente” o “error” pueden surgir nuevas maneras de ver.

Algunas series las he trabajado manchando con pintura y a partir de la mancha he rescatado una imagen dibujada, interpretando las formas como en la técnica de Rorschach.

Imagino que el espectador encuentra un sentido a esa mancha. A modo de espejo, esta mancha le devuelve cierta información.

 

Parte de la exposición Ruido-señal. Las obras Sacrificio y Faust en gran formato.

 

John Berger decía que el arte es lo más próximo al oráculo que nuestra mentalidad contemporánea, científica, puede permitirnos.

Debe haber una búsqueda de equilibrio entre estar en lo cotidiano, el bucear en la práctica artística flotando en una especie de limbo, esa frontera entre el estar y el hacer.

El riesgo de atender sobradamente a lo que nos rodea es que quizás se pierde la concentración en esta fiebre en la que nos sumergimos mientras trabajamos dentro de ese limbo.

La hiperconectividad, desde siempre la interrupción lisa y llana, es hoy mucho mayor. Entonces hay una dificultad mucho más grande en abstraerse del ruido para generar un cierto discurso.

 

Cardumen de la serie Fiebre del oro

 

Últimamente, también he incursionado en el collage analógico. El collage es signo de nuestro tiempo, el recolectar trozos de realidad y crear con ellos nuevas formas. Pequeños mundos creados a partir de retazos de otros mundos anteriores.

 

Parte de la serie de collages analógicos sobre polaroids.

 

La forma en la que nos relacionamos hoy en día debiera tender al apoyo mutuo desde los intereses pares. Redirigir las energías de lo individual a las formas de lo colectivo. Ese es a mi modo de ver, el antídoto para el malestar.

Dentro de mi práctica artística y desde el taller donde trabajo, que es también un espacio para exposiciones y de encuentro en Madrid, se intenta tejer lazos con artistas de dentro y fuera de la ciudad que sean afines a ese hacer colectivo, a la escucha atenta, a sostenernos y cuidarnos alejando las prácticas individualistas y competitivas propias del estereotipo del artista del siglo XX exitoso y/o mediático o genio solitario que seguimos reproduciendo hasta hoy.

 

 

Está en vuestras manos de la serie Una posible iconografía sagrada del siglo XXI.

 

EM: ¿Consideras que tu encuentro con el psicoanálisis ha repercutido de alguna manera en tu trabajo como artista? Si es así, ¿de qué modo lo ha hecho?

FK: Entiendo el psicoanálisis como un medio para avanzar y construir un estadio de autoconciencia mayor. Es un apoyo para trabajar sobre un momento puntual de la vida en el que se está estancado dentro de un bucle de pensamiento que no lleva a ninguna parte. El psicoanálisis es el hilo para salir del laberinto más rápido.

Consciente e inconsciente van por caminos paralelos.

Dentro de la investigación en las artes podemos aplicar ciertos ejercicios y técnicas de trabajo para hacer aflorar el inconsciente, tomar un atajo para dar cuenta de nuevas cuestiones.

La crítica ética del psicoanálisis nos responsabiliza por lo que deseamos y por las consecuencias de nuestros deseos.

Luego del psicoanálisis no hay excusa para huir de la responsabilidad por el impacto en el mundo de las consecuencias no intencionales de las acciones.

En el encuentro psicoanalítico surgen otros estadios del inconsciente que luego se volcarán en el trabajo artístico.

 

 

 

molledafme@gmail.com

Esperanza Molleda es miembro de la ELP y la AMP.

 

 

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