“Conviene el psicoanálisis a las mujeres…

“Conviene el psicoanálisis a las mujeres, porque ellas encarnan en la cultura, como dice Freud, a los sujetos que se preocupan por la sexualidad, el amor, el deseo, el goce. Esos temas del psicoanálisis son temas de mujeres. Es bastante reciente, como fenómeno de masas, que los hombres se hacen cargo de esos temas. Además, la posición de objeto pequeño a les va bien también, en tanto exige flexibilidad con respecto al fantasma del otro. Y al respecto quizás podamos decir algo de las mujeres en análisis, pues el análisis les ofrece, al inicio, un cierto descanso, un relevo, del semblante; un cierto descanso de la captura que, en tanto objeto a, se ejerce sobre ellas en el fantasma del hombre. Pues hay un cansancio en eso, y sostenerse en ese lugar, cansa. Así el análisis ofrece a las mujeres el descanso que da delegar dicha posición al analista. También conviene a las mujeres ocupar el lugar de sujeto tachado, ese sujeto que experimenta su falta de identidad. Hay casos que demuestran que pueden quedar tan pegadas al papel de objeto a, que no lo pueden ceder al analista, o que están tan acostumbradas al papel de sujeto supuesto saber, que no pueden admitirlo en otro, y mucho menos si es un hombre, necesariamente un poco tonto.”

Miller, Jacques-Alain. “De mujeres y semblantes II”. De mujeres y semblantes.
Pasador, Buenos Aires, 1993, pp. 99-100.

Encontramos en esta cita varias indicaciones sobre las mujeres en análisis: el uso de los semblantes y el efecto de descanso que produce despojarse por unos minutos, por unas palabras, de los mismos. Lo que suceda en las primeras entrevistas, lo que el sujeto pueda decir, la escucha por parte del analista de la enunciación, las preguntas, la interpretación y los cortes que vaya introduciendo, también la sutileza y la espera, permitirán el establecimiento de la transferencia y el ajuste del diagnóstico diferencial para que las intervenciones sean más precisas cada vez. A su vez esto permitirá a la analizante un trabajo que perdure en el tiempo por sus efectos y por lo ajustado de la hipótesis que haga el analista de la estructura, algo aproximado al inicio y con un margen lo bastante amplio para permitir las precisiones que sean necesarias.

Hay otra indicación fundamental: la posición de objeto a que ocupan las mujeres en el fantasma del hombre. Según el Discurso del Analista el lugar de objeto a es el del analista. Si las mujeres pueden tener un alivio de la posición del a en el análisis ocupando más bien el S/, para el psicoanalista será fundamental ese lugar en el discurso que favorece el despliegue significante de la analizante, así como la pregunta por el deseo del Otro, el encuentro con su ser de goce y la orientación por lo real. Sin embargo, si no pueden ceder esa posición al analista, esta puede ser una preciosa pista respecto del diagnóstico diferencial.

Raquel García Ferrer es socia de la sede de Valencia de la Comunidad Valenciana de la ELP.