¿Está la institución a la altura de la transferencia?
El síntoma como motor de orientación hacia lo real, augura durante las entrevistas preliminares declinaciones del significante que se precipitan en el algoritmo de la transferencia, si la cuestión del saber está en juego. Si el psicoanalista ejerce como intérprete, el paciente también debe estar en condiciones de poder proporcionar un texto y poder leerlo de otra manera, establecer una nueva relación con su propio decir. Es condición para la operación de lectura analítica, un sujeto concernido en su decir, para recomponer lo escrito inconsciente. Lo interesante es que Miller ubica, que esta restitución del enunciado indecible, el sujeto la hace sin saberlo, define al inconsciente lacaniano como un “pensamiento que no se piensa a sí mismo”1, idea fundamental, que da margen de posibilidad al trabajo del inconsciente desde el marco institucional.
Pero también está el cómo se las arregla la institución misma con la palabra y con lo que se desprende de ella, es decir la transferencia. Desde el psicoanálisis, el recorrido se inicia con la libido freudiana, que inviste al psicoanalista, condición de posibilidad para guiar la lectura del inconsciente y de la interpretación. Para Freud, primero se consolida la transferencia y después se interpreta. Lacan se centra en distinguir lo que de la transferencia es “metonimia imaginaria” del “resorte de la transferencia”2que se encuentra en lo simbólico. Justamente, la diferencia fundamental entre nuestra práctica y otras corrientes que trabajan con la palabra, es la de tener en cuenta el “resorte de la transferencia”, en tanto un significante que se dirige a un Sq y que ubica al psicoanalista en el lugar de objeto perdido ya desde el inicio. Éstas trabajan directamente sobre la “metonimia imaginaria” sin llegar a la lectura de su enunciación. Esto los deja en la vertiente de la repetición libidinal, sin llegar a la relación del sujeto con la palabra, que es la que permite obtener las “deformaciones”3sobre la materia del tejido del inconsciente. Nosotros, incluso en la institución, buscamos localizar una demanda inicial, solidaria de la instancia del SsS, a partir del cual, Lacan ubica el significante de la transferencia. Significante por el que se busca a un analista como complemento, como función de articulación significante en relación a una pregunta cualquiera.
En lo institucional se nos presenta una dificultad porque el sujeto ya está insertado en el dispositivo. Entonces podría posteriormente, consentir a un nuevo modo de relación con su decir y dirigir esta demanda a uno entre otros, aquel que lo concierne en su palabra. Si esto sucede, siempre está articulado a una urgencia, dado que como lo introduce Miller, la interpretación del propio síntoma, ya está previamente en el sujeto que dirige una demanda en relación a un “no sé cómo leer esto solo”, “esto significa algo”4. Vemos que cuando hay formulación de una demanda -cuando el sujeto no viene a la institución obligado por ninguna instancia, o sí, pero a partir de la formulación de una propia-, se requiere de la urgencia para que la demanda sea formulada, en tanto lo real traumático que irrumpe, precipita una pregunta y permite que el no saber del sujeto se ponga en juego. Esto es lo que le lleva a buscar un partenaire -en este caso en la institución- al que preguntar por su síntoma. La cuestión es ¿está la institución a la altura de la transferencia?
Muchas veces ésta es la que pone trabas al trabajo en función de la transferencia. Entonces, se puede interpretar a la institución sin que ella lo sepa e incluso hay actos, que van permitiendo que este significado inconsciente que se va fraguando en la transferencia, vaya tomando forma fuera de las vías convencionales. Recuerdo un caso de una mujer que venía a hablarme pesar del protocolo -por el que tenía que dirigirse a otra profesional-, y en la urgencia, encontró una vía a partir del juego del ajedrez. Finalmente ella pudo hacer algo distinto con su vida, sin necesidad de deshacer el lazo por el que tangencialmente pudo estabilizarse y sostener su demanda, haciendo un arreglo para buscar su solución singular.
Es así como la instancia del Supuesto Saber cómo Operar a la que Lacan reduce al SsS en su última enseñanza, sirve al trabajo institucional, dando todo su sentido a la formulación lacaniana la transferencia es la interpretación. Lo esencial, nos dice Miller, es no hacer obstáculo a la estructura interpretativa de la transferencia y que la interpretación da lugar a la operación analítica, en el sentido de su actualización hasta la consolidación de la transferencia. De dicha operación se deduce un resto que depende retroactivamente del inicio, lo cual exige la localización exacta de la dinámica del síntoma y la estática del fantasma. Localizar al fantasma como axioma, como frase, roca de lo simbólico y residuo de la operación analítica, implica al deseo del analista, “un deseo sin fantasma”5 que abre un más allá de la terapia, de la clínica stricto sensu.
Mi hipótesis es que si seguimos a Lacan en la idea de que no hay clínica sin ética, estamos en el terreno de la práctica psicoanalítica más allá del contexto en el que nos situemos, puesto que de lo que se trata, es de crear un “lugar alfa”6 desde el que operar.
Luciana Fracchia es socia de la sede de Barcelona de la Comunidad de Catalunya de la ELP.
Notas:
- Lacan, Jacques. Mi enseñanza. Paidós, Buenos Aires, 2006. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “L’iniziodelleanalisi”, XX Convegno de la SLP. ↑
- Miller, Jaques-Alain. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 272. ↑
- Miller, Jaques-Alain. “L’iniziodelleanalisi”. Op. cit. ↑
- Miller, Jacques-Alain. “Síntoma y fantasma”, El Psicoanálisis, nº43, marzo 2024, p. 21. ↑
- Miller, Jacques Alain. “Hacia pipol 4”, Freudiana, nº52, enero/abril 2008. ↑