Lo Singular y La Escucha Analítica
“Lo que distingue esta clínica de cualquier otra es el de ser una clínica bajo transferencia»1.
El Diccionario de la RAE define clínica como: “Ejercicio práctico de la medicina relacionado con la observación directa del paciente y con su tratamiento”. La observación directa es un método de recopilar información mediante sentidos. Digamos que se utilizan la vista y el oído principalmente para captar los signos que nos trae el paciente. En la consulta de un médico esos signos pueden, por ejemplo, ser las mediciones de la tensión arterial, la temperatura corporal, las rojeces, los sarpullidos. A partir de estos signos se construye una hipótesis y se toma decisión sobre algún tratamiento.
En la clínica psicoanalítica, los signos que tenemos para operar son los significantes. Y los significantes adquieren su significado en su relación con otros significantes “no hay una significación que se sostenga si no es por la referencia a otra significación”2 (de hecho, es que un significante puede evocar la diferencia, de modo si decimos “gato”, se nos puede evocar “perro”, y si el significante es “bueno”, se evoca también “malo”). Los significantes solo si forman cadenas con otros significantes remiten a algún sentido, mientras que por sí solos, los significantes más que el sentido, nos dan un vacío del sentido.
Hay un ejemplo en la física que me ayuda a entender esto. La corriente eléctrica se genera porque en un punto se realiza un vacío. El movimiento se inicia al lado del polo positivo donde el primer electrón se ve atraído por dicho polo creando un hueco para ser cubierto por otro electrón del siguiente átomo y así sucesivamente hasta llegar al polo negativo. Es decir, la corriente eléctrica es el paso de electrones desde el polo negativo al positivo comenzando dicha progresión en el polo positivo.
La cadena significante es algo parecido en cuanto también se inicia con un significante que inicia un movimiento en la cadena sirviéndose del vacío.
El clínico utiliza esta “corriente” para tomar alguna decisión con respecto a la dirección de la cura, pero es fundamental poder sostener este flujo con la herramienta de la escucha flotante para que algo se vaya “iluminando”.
Lacan dijo en una ocasión a su auditorio “cuando menos entendéis, mejor escucháis”- de modo que mantener este vacío sin rellenar de sentido es importante para poder escuchar al paciente.
Así, el paciente tiene posibilidad de desplegar la asociación libre y el analista, consciente de no taponar con su saber aquello que escucha, puede hacer surgir en el discurso algo nuevo y quizás contribuir a un sustancial cambio subjetivo en el analizante.
Hay ejemplos en la literatura de personajes descritos con esa elegancia y distinción que al igual que la escucha psicoanalítica, dignifica la originalidad y singularidad del sujeto. Voy a comentar uno que recientemente leí que me conmovió de cierta manera. Se trata del personaje de Gurov en el relato de Chéjov “La dama del perrito”.
Es una historia de amor que surge en Yalta, una ciudad de vacaciones, entre una mujer casada (la dama del perrito) y Gurov, también casado, aunque desde hace tiempo infiel y mujeriego, que se da cuenta que por primera vez en su vida se ha enamorado.
Las vacaciones terminan y los amantes vuelven a sus respectivas ciudades con sus esposos. Sin embargo, Gurov se da cuenta que no puede vivir sin su amada y viene a buscarla, para darse cuenta al encontrarla que ella también le echa de menos. Allí se inicia una relación furtiva, decepcionante y triste. Se comparaban con aves migratorias hembra y macho, que se encontraron y quisieran volar juntas, pero están obligadas a vivir en jaulas separadas.
La historia es bella y conmovedora. Chéjov describe la división subjetiva de Gurov- “Tenía dos vidas: una franca, abierta, vista y conocida de todo el que quisiera, [] y otra que se deslizaba en secreto”3 pero va más allá del estereotipo de mujeriego que de pronto se enamora, o lo que en nuestra profesión sería encasillar la historia del padecimiento del paciente en un diagnóstico típico. Describe detalles que muestran más, dan cuenta de algo singular, dándole ese toque vital al personaje, con su particular y extraño apaño entre el goce y la vida.
En la parte donde describe el momento después de la primera vez que hacen el amor, la mujer llora desconsolada por haber perdido su virtud, pero Gurov está frío.
“Sobre la mesa había una sandía. Gurov cortó una tajada y empezó a comérsela sin prisa”4.
¿No es acaso un detalle que podría considerarse un encuentro en el análisis? Al igual que el lector capta algo peculiar en la personalidad de Gurov, el analista lee en el discurso del paciente algo que excede su saber- algo extraño que hace pregunta.
En ese encuentro se pone en juego algo único. El analista permite nacer esta diferencia, acoge esto singular y le da un valor, permitiendo al paciente seguir escribiendo su narrativa personal sin desentenderse de eso extraño que se va iluminando.
María Medyanik es socia de la sede de Málaga de la Comunidad Andaluza de la ELP.
Notas:
- Miller, Jacques-Alain. C.S.T. en VV.AA. Clínica bajo Transferencia. Ocho estudios de clínica lacaniana, Manantial, Buenos Aires, 1985. ↑
- Lacan, Jacques. La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Escritos 1, Siglo Veintiuno Editores S.A., Buenos Aires, 2002. ↑
- Chéjov, Anton. La señora del perrito y otros cuentos. Alianza Editorial S.A., 1998. Madrid. ↑
- Ibid. ↑