Consentimientos a la entrada

Sabemos bien que el hecho de hablar sobre lo que a cada uno le pasa no implica por defecto el acceso al inconsciente, ni mucho menos el encuentro con la responsabilidad subjetiva del propio malestar. Esto, junto con hacer del síntoma un síntoma analítico, es lo que está en juego en la clínica e implica por igual a todas las edades de los sujetos que vienen a vernos. No distinguiría, en este terreno, adolescentes, niños y adultos. Lo que cabe destacar es cómo los adolescentes de hoy en día entran en análisis tomando en cuenta la particularidad del momento vital en la que cada uno se encuentra y el entorno tomado por lo digital en el que viven. Las consecuencias que de esto se deducen están relacionadas con el saber y con el deseo. Con el saber, en tanto no está situado en el Otro y con el deseo, en tanto los objetos que se les ofrecen hoy en día son tan personalizados como cambiantes, a gran velocidad, a la vez que muestran una cantidad innumerable de posibilidades entre sus características, por lo que son capaces de producir la falsa ilusión de acoger un deseo singular.

¿Cómo pues, despertar el deseo de saber en el adolescente sin que él recaiga en dirigir sus preguntas a la infinitud de información en internet, en la que inevitablemente se diluyen? ¿Cómo contribuir a que el estatuto del saber pase de estar en el bolsillo (en el móvil) a otro lugar que implique un circuito con una modalidad del Otro que suspende la respuesta inmediata, como es el analista? Tomo la expresión “en el bolsillo” de Jacques-Alain Miller cuando dice que “hace recordar lo que Lacan dice del psicótico que tiene su objeto ‘en el bolsillo’, y que justamente no tiene necesidad de pasar por una estrategia para con el deseo del Otro”1.

En mi experiencia clínica, las entradas en análisis por parte de un adolescente han demostrado estar vinculadas no sólo con la transferencia –condición sine qua non– sino con un efecto de sorpresa que al adolescente le provoca su propio decir sobre su sufrimiento. Una sorpresa que no se cierra con una respuesta por parte del analista y que causa la puesta en marcha del trabajo, vía la palabra, con el reconocimiento de una implicación: “en algo contribuyo para que esto sea así” y del valor de lo que se dice en las sesiones: “lo que yo tengo que decir sobre esto vale más que lo que encuentro en internet.”

Esto pasa, muchas veces, por cierta “degradación” de lo digital que se da en las entrevistas preliminares, bajo transferencia, y que puede servir para producir un Otro distinto, en el que el adolescente puede alojar tanto su sufrimiento como las preguntas sobre él mismo, sobre su entorno, sus otros primordiales y sus iguales.

Por ejemplo, se da cuenta de los efectos tan distintos que produce chatear con alguien y hablar en presencia. O del empobrecimiento que supone la estandarización de los síntomas que se lee en las redes sociales o que se escucha a través de un influencer. Pero también puede que se dé cuenta de cómo las exigencias que le pesan en su mundo están en realidad dentro de él mismo. Esto lleva, en el mejor de los casos, a que el adolescente asuma y consienta a abordar su caso como único, dado que no hay otro igual y que, por tanto, acepte la tarea de elaborar un saber hacer singular que no está previamente escrito en ningún lugar del universo virtual.

Pero este consentimiento no es suficiente. Se trata ahora de la introducción al inconsciente, de hacerlo existir. La cuestión estará, a partir de entonces, en ir puntuando el modo en que su inconsciente infiltra con sus equívocos esos decires del discurso común en los que hasta ahora creía reconocerse. De aquí que el consentimiento necesario para la entrada en análisis es, en el fondo, consentimiento al inconsciente.

En cualquier caso, de lo que se tratará es de que el adolescente, como el niño analizante, consiga inscribir un saber inolvidable2, que implique un saber hacer con su síntoma, con el retorno de lo real ahí implicado.

gonzalez.claudia@icloud.com

Claudia González es miembro de la ELP y la AMP.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain. En dirección a la adolescencia. El psicoanálisis nº 28.
  2. Laurent, Éric. Hay un final de análisis para los niños. Colección Diva, Buenos Aires, 1999.