El significante de la transferencia
El analista está ahí para hacer pertinente el discurso analítico; es en el campo de ese discurso, por su presencia, donde se define como tal, más que en el arte del diagnóstico, o en la función terapéutica del análisis, ο en la solución posible a la incógnita del síntoma. El saber ahí deja de suponerse anónimo, o universal; obedece a una orientación hacia la singularidad del caso. El análisis es para aquél que se hace psicoanalizante cuando un hallazgo, aunque sea enigmático, o fruto de una intuición, encarna la conjunción del acto y el lenguaje. El analista deviene uno cualquiera, excepto en la peculiaridad de ese encuentro, que la verdad evacuará hasta más no poder.
Para empezar, el significante de la transferencia corresponde al hecho de que el inconsciente es el discurso del Otro. Tan Otro que puede parecer delirante. Con él, la verdad se apodera de lo dicho y pide más, hasta el agotamiento de la realidad dicha. En el significante de la transferencia, el Otro responde con una promesa de saber que sostiene ese discurso en el que el saber produce un sujeto salido de sí mismo. Para que empiece el camino de la cura, hay que esperar un hallazgo, un significante enigmático pero con certeza dirigido hacia la cura, que no podría haber surgido de no haber habido un sujeto supuesto en el saber que ese significante exagerado promete cumplido. El sujeto es supuesto: se supone que el Otro tendrá una respuesta que hará consistente la demanda de curación. El significante de la transferencia no es un decir (por el estilo, precisado por Lacan, de “eres mi mujer” o “eres mi hombre”) sino más bien un no-decir, un “ni qué decir tiene”, más allá de la voluntad de hacer sentido. La suposición, no de sentido, sino de saber, viene a descompletar al Otro de la transferencia, a hacer hablar al síntoma en un decir orientado. Al sujeto de la demanda, en su resistencia, le llega un mensaje cifrado personal. La orientación viene dada por el principio de que no hay relación sexual. No hay significante ahí; de modo que lo real puede subir al escenario. Será un flash, un resplandor, un fenómeno de franja, un algo descontextualizado. Lo real, que no tiene nombre, se da a entender, se separa creando una nostalgia de sentido que será motor de la cura.
Como lo indica Jacques-Alain Miller en su conferencia de Turín Come iniziano le analisi? “el significante de la transferencia es eso a propósito de lo cual el sujeto se pregunta: ¿Eso qué quiere decir?” En la demanda surge un enigma que parece completar el síntoma, a la vez que entrega la significación al analista, es decir a la interpretación. El ser del analizante se transforma en sujeto, es decir en significante que falta, en doble pregunta, sobre el sentido y sobre el sentido del sentido; el analista se incorpora al síntoma como el objeto que nunca tendrá respuesta a la pregunta sobre el goce sexual y que por eso nunca la silenciará; el saber se erige como sujeto supuesto al síntoma, como posible revelación de lo imposible. La transferencia crea el espacio de la interpretación. La respuesta será “eso ya lo sabía”. Pero el saber no se satisface con saber. Por la presencia del analista, el agujero en el saber deviene la presencia que falta aún, un Uno de menos que acabará siendo menos que Uno.
En suma, el significante de la transferencia es un mensaje cifrado para el analista, que lo recibe como un signo que apela a su deseo, el del analista como agente de un desciframiento para el cual él mismo es obstáculo. La interpretación permite sortear el sentido, descompletarlo, para hacer esperable un poco más de sinsentido, burlando así la censura del placer supuesto.
Antoni Vicens es miembro de la ELP y AMP.