Transferencia/Interpretación : en la era del parlêtre

Interpretación y transferencia, en esta dupla se juega la entrada en el dispositivo analítico. La entrada en análisis siempre supone un comienzo de la partida para Freud ligada al ajedrez, donde la apertura y el final: “consienten una exposición sistemática y exhaustiva, en tanto la rehúsa la infinita variedad de las movidas que siguen a la apertura” podemos leer en “Iniciación al tratamiento”1 de 1913, es aquí en este texto donde Freud explica de forma pormenorizada el manejo del tiempo, el dinero y advierte de la atemporalidad del inconsciente. Explica la importancia de separar las miradas y para ello el uso del diván; anota que debe ser conservada no solo por el sentido histórico referido a la hipnosis sino por varias razones, entre ellas, que él mismo no toleraba la mirada fija durante ocho horas al día. También comenta lo fragmentario de la historia del paciente y como en las repeticiones se captan las articulaciones desconocidas. De los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis que Lacan aísla en el 64, inconsciente, repetición y pulsión mantienen su vigencia, pero justo la transferencia ha dado un vuelco en la ultima enseñanza para tomar otras significaciones y usos posibles para el nuevo siglo.

En relación a la interpretación sostiene y concluye que es necesaria la instalación de la transferencia y advierte de los peligros de abandono si se le comunica al paciente interpretaciones sin tener establecidos los vínculos libidinales con el analista. Hay que entender con esta afirmación sobre la noción de interpretación que no tiene la misma consistencia hace un siglo que en pleno Siglo Veintiuno. Este es el punto que se trata de dilucidar hoy, la articulación de la dupla antes citada.

Con Lacan encontramos desde el comienzo de su enseñanza, en sus primeros textos y seminarios, donde prevalece la idea de interpretar como primera maniobra; se interpreta cuando el inconsciente se cierra, no cuando habla sino cuando aparece un obstáculo. La interpretación es la puerta de entrada; añade un significante y de alguna manera sanciona el dicho, lo interrumpe, lo molesta, hace olas para introducir al sujeto en su decir. Entonces tenemos estrategia y táctica: transferencia e interpretación. Dos elementos anudados. Lacan en los años 60 propone su algoritmo de la transferencia; el significante de la transferencia hace que se duplique la cadena, lo cual implica una resonancia que multiplica los efectos de significación. Una misma cosa dicha dentro y fuera de la experiencia no significa lo mismo. El significante de la transferencia es el significante de la interpretación, luego tenemos articulados estos dos elementos. El acto del analista como tercer elemento producirá un analizante, es decir, se trata de poner el dispositivo en marcha, el manejo del tiempo y el dinero son las claves para hacer posible que ello advenga. El analista es la interpretación, cada intervención conlleva la puesta a punto renovada del matema lacaniano sujeto A barrado; es lo que se produce cada vez que hay una interpretación analítica. Dicho de otra manera, se produce un descompletamiento del Otro.

Y en la actualidad en los tiempos del parlêtre donde el A no está barrado sino roto donde el gran Otro ha perdido su consistencia y el nombre del Padre, según expresión de Lacan, está evaporado. Entonces nos queda dar un giro a la noción de interpretación y apuntar a lo que sabemos de las psicosis que nos dan la clave de como pasar del SsS a un supuesto saber cómo operar2 al introducir la topología, ya no se trata de la contemplación teórica sino se trata de una manipulación nodal, lo cual constituye una gran diferencia.

La IPA hablaba de condiciones de analizabilidad, de las indicaciones posibles según la estructura. Hoy, se analiza a cualquiera; J.A. Miller en su conferencia del Congreso en Rio de Janeiro apuntaba: “Analizar exige jugar una partida entre el delirio, debilidad y embaucamiento de lo real…cuando se analiza al cuerpo hablante el sentido de la interpretación es el goce. Este desplazamiento de la verdad al goce, nos da la medida de la práctica analítica en la era del parlêtre”3.

Este pasaje es una nueva apuesta para poner a prueba el deseo del analista como lo único que opera en la cura. Eric Laurent en su conferencia de Barcelona en el año 2018 traía como referencia al Lacan del año 1977 del seminario «L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre” para proponer la formula “el que sigue”

“Pero hay que escuchar más allá, la ruptura del analista con su anclaje en la suposición. No está en el lugar del sujeto supuesto saber, está en el lugar de “el que sigue”. La notación del analista como quien sigue lo que el analizante tiene para decir, está en consonancia con la descripción de la posición del analista como testigo o secretario de la elaboración que conduce al sujeto psicótico, tras el fracaso del Nombre del Padre”4.

Estas consideraciones abren nuevas vías para entender la posición del analista y su interpretación guiada, capturada entre el misterioso vinculo entre goce e inconsciente y la vacuidad que trata de producir. El analista que separa, descarida, aísla significantes para obtener un vaciamiento de goce. Durante las Jornadas tendremos ocasión de escuchar caso por caso las diferentes modalidades de comenzar un trabajo analítico. Para concluir podemos decir que el analista es su interpretación, con lo que conlleva de poner a prueba el deseo que lo guía y orienta: lo real.

carmencarceller@mariola.net

Carmen Carceller es miembro de la ELP y la AMP.

 

Notas:

  1. Freud Sigmund. “Sobre la iniciación del tratamiento”. Ed. Amorrortu, Tomo XII Buenos Aires, 1980, p. 125.
  2. Miller, Jacques Alain. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 273.
  3. Miller, Jacques Alain. El Inconsciente y el cuerpo hablante. Presentación al tema del Congreso en Río de Jainero 2016. Scilicet. “El cuerpo hablante”. Ediciones Grama, Buenos Aires, 2015, p. 23.
  4. Eric Laurent. Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia. Revista El Psicoanálisis, nº33, Barcelona, 2018, p. 193.