Modos de presentación de la “urgencia”. De la urgencia a la urgencia subjetiva
Hablar de los modos de presentación de la urgencia implica, de entrada, que no hay una única manera de abordarla.
La urgencia es una forma de presentación clínica que en los servicios de salud mental cada vez es más frecuente, requiere de una atención inmediata y en ocasiones “comporta la exigencia de una resolución del conflicto”1.
El incremento de las demandas de urgencia y la atención que desde la administración se le presta, la mayoría de las veces basada sólo en protocolos de atención que pueden tomarse como signos de alarma, me recuerda que “no hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización”2.
Hay casos en los que aparece la angustia, ya sea a la entrada o en el transcurso del tratamiento y depende del analista que en su acto pueda poner en suspenso el tiempo de la angustia para pasar a la construcción de un síntoma.
Los pasajes al acto, adicciones o rupturas del lazo social son algunas de las consultas más frecuentes, así como los intentos de suicidio. En todos ellos el tiempo de intervención y las indicaciones son fundamentales. Más allá de sus modos de presentación, la escucha atenta, en varios niveles, es necesaria para localizar en cada una de estas demandas de qué tipo de urgencia se trata y el riesgo de un pasaje al acto.
El analista en su acto y su posición está comprometido ya que, la urgencia le atraviesa y, en ocasiones, puedo decir que la angustia también. Porque las señales para diferenciar cuando se trata de una urgencia en la que hay un riesgo para la vida, de una urgencia subjetiva por una ruptura del lazo social, no siempre se dan de entrada y aunque la prudencia comande en las intervenciones, éstas solo se miden en el àpres-coup y siempre hay algo de lo impredecible en juego.
Tomando la referencia de Lacan que nos indica que el cuerpo en la medicina es el asentamiento de los síntomas 3, puedo entender que desde el discurso médico las urgencias sean solo atendidas en su valor sintomático. Se dan fármacos, por el riesgo, pero no hay preguntas y así vemos como los sujetos llegan a urgencias una y otra vez con el mismo síntoma.
No se presta atención a la causa subjetiva que los provoca, ni el efecto de la palabra en la subjetividad humana por el hecho de que todo sujeto está atravesado por el lenguaje.
Tener en cuenta las condiciones de vida de los sujetos que consultan y los cambios en la civilización actual es un modo de lectura que, desde el psicoanálisis aplicado a la terapéutica, orienta en instituciones públicas de salud mental. Se trata de una orientación no solo por el síntoma, sino también por lo real del síntoma y por la creencia en el inconsciente.
¿Qué causa la Urgencia?
Para Freud se trataba de “la ruptura del equilibrio en que un determinado sujeto se sostenía”4. Para Lacan la urgencia “es lo imposible de soportar para un sujeto al que nada divierte”5.
Asistimos a un tiempo de caída de los grandes relatos, de los ideales, de las tradiciones, en las que antes los sujetos encontraban cobijo y ahora no. En la actualidad nos encontramos con sujetos desprotegidos, desorientados y sin brújula. Las urgencias en los institutos de enseñanza por las continuas crisis de angustia de los adolescentes han pasado a ser frecuentes.
El pedido de “un protocolo de contención” para hacer frente a esas continuas crisis en el marco escolar es algo a lo que me enfrenté en el primer día de mi intervención en un instituto dentro de un programa bajo el significante “Riesgos en las adolescencias”. Siguiendo las palabras de Lacan “ser flexible a la demanda o hacer par con la urgencia”6 me permitió, junto con la intervención de la profesional de enfermería del servicio, construir, con los educadores interesados, un modo de intervención que incidió en su abordaje y disminuyó la angustia.
La orientación desde el psicoanálisis no es la del “Bien” que parte de los ideales sociales o médicos, sino la del bien decir. Esta diferencia entre el Bien y el bien decir es la que provoca a menudo un choque con otros discursos y en la manera en que los pacientes acuden y son derivados desde diferentes servicios. Así, lo que en ocasiones deviene urgencia para los profesionales no es motivo de urgencia para los sujetos que atendemos.
La urgencia pone al profesional no solo ante la necesidad de valorar si existe o no un riesgo para la vida de aquel que consulta, sino también la de discernir si la urgencia es de otros o del propio paciente.
Carmen Grifoll es miembro de la ELP y AMP.
Notas:
- Belaga, Guillermo. La urgencia generalizada. Grama, Buenos Aires, 2005, p. 14. ↑
- Goya, Amanda. “Clínica de las urgencias subjetivas”, Sección Clínica de Madrid, 21 de Septiembre, 2015. ↑
- Lacan, Jaques. “Psicoanálisis y medicina”, Intervenciones y textos 1. Manantial, Buenos Aires, 1966, p. 13. ↑
- Freud, Sigmund. “Más allá del principio del placer”, Obras Completas, tomo XVIII. Amorrortu, Buenos Aires, 2013, cap. II. ↑
- Sotelo, Inés. Dispositivo analítico de tratamiento de urgencias subjetivas. Grama, Buenos Aires, 2015, p. 67. ↑
- Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11”, Otros escritos. Paidós, México, 2000, p. 601. ↑