El objeto a minúscula, una orientación desde los inicios de una cura
No hay duda que quien consulta a un psicoanalista lo hace porque un malestar irrumpe en su vida, perturbando su cotidianeidad; ya sea un quiebre fantasmático o una disrupción de goce masivo o no, que produce un desarreglo con la que el sujeto, llegado el caso ya no puede lidiar.
En ese sentido las entrevistas preliminares tienen todo su valor. No solo porque ellas nos enseñan aunque sea de manera incipiente, un mapa, aquel territorio singular trazado por las marcas de goce que dieron forma a una coyuntura de funcionamiento con las que el sujeto ya no puede batallar, sino también porque orientarán tempranamente la manera de operar del psicoanalista, que requerirá de obrar con mayor o menor cautela según convenga al despliegue significante y a las emergencias de un real que se cuela a partir de un sin sentido; sin sentido que hace estallar en algunos casos la angustia, en otros, la adherencia a objetos de goce, o con la insistencia de un cuerpo sin límite, o también como sucede en casos más complejos, un empuje a estados de franqueamiento cuyo efecto es la perplejidad.
Freud en su texto: Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica1 hacía una semejanza entre la tarea del psicoanalista y la del químico, en tanto que ambos tienen la función de descomponer y separar los elementos que son de “naturaleza compuesta”.
Decía así: “los elementos de esa composición están constituidos por motivos, mociones pulsionales. Ahora bien, sobre estos motivos elementales el enfermo no sabe nada o su saber es muy insuficiente”.
Efectivamente, de ese conjunto de malestares diversos que aquejan a un sujeto que llama a la puerta de un psicoanalista, se irá separando, dicho en términos freudianos, el componente pulsional de la trama de representaciones que han motivado su malestar. Es decir, parte de su tarea será ir separando poco a poco el decir significante, del goce que aqueja al sujeto; ese goce particular que implica en muchos casos, al objeto a y la manera en que éste ha encallado en el Otro.
En este sentido muchas veces encontramos al inicio del proceso analítico, al comienzo de esos encuentros primeros, el modo fantasmático en que un sujeto se sitúa en el mundo, y precisamente el objeto plus de goce que lo comanda y cuya opacidad impregna la escena y dirige el síntoma, no permitiendo hacer circular las palabras, solo la angustia, mal llamada “ansiedad “que viene a señalar la descompensación de los artilugios simbólicos en favor de un real que impera.
En el Seminario XIV, La lógica del fantasma, Lacan dirige su atención a este objeto a minúscula que irá definiendo de múltiples formas, para otorgarle su estatuto lógico. Se tratará entonces, de establecer un recorrido de la cura a partir de una gramática, la del fantasma que el sujeto desconoce, pero que se puede captar cuando se pone en marcha la palabra. De ahí se hace ineludible la relación existente entre el sujeto y el objeto; pensar en uno conlleva el otro inevitablemente.
Lacan nos dice así: “ El descubrimiento del inconsciente, tal como el análisis lo refiere, da la verdad de esta alienación, y hemos recorrido ya bastante camino como para dejar bien indicado lo que sostiene a esa verdad bajo el término, muchas veces repetido ante ustedes del objeto a minúscula”2, y mas abajo añadirá: “Todo lo que desarrollo ante ustedes es posible solo porque les hablo de este objeto desde hace bastante tiempo como para que pueda servirles de sostén”.
Si lo utilizamos de soporte, de sostén, nos indica una dirección a tener en cuenta; eso impregna una lógica a la hora de dirigir una cura, ¿Por qué no pensarlo desde el inicio de la misma?.
No hay duda que hace falta el despliegue significante pero a sabiendas que la orientación por el lado del objeto a, merece todo su lugar; es una manera de validar una orientación por lo real del síntoma, aquella que merece ser rastreada desde los comienzos de la cura.
Volviendo a Freud, hagamos como nos señala sin ambages en el texto antes mencionado: Hagamos “ como el químico que aísla el cuerpo simple, el elemento químico, de la sal, en la cual se había mezclado con otros elementos, haciéndose irreconocible”.
Reconozcamos qué está en juego en el sujeto que consulta, su singularidad reside en ello, en hacer reconocible que la verdad que sostiene al sujeto es en muchos casos, ese objeto pequeño a; “la pequeña diferencia»3 que nos señala también Lacan, en su Seminario XIX, Ou pire.
Ruth Pinkasz es Miembro de la ELP y la AMP.
Notas:
- Freud, Sigmund. Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. Vol. VII. Amorrortu, Buenos Aires 1992. p.156 ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario. Libro XIV. La lógica del fantasma. Paidós, Buenos Aires, 2023. p. 125 ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario. Libro XIX. …O peor. Paidós. Buenos Aires, 2012. Capítulo I. p. 11 ↑