Tres acontecimientos para un análisis
Diría que un análisis articula tres acontecimientos distintos. Los tres son imprescindibles para el desarrollo de la experiencia, con la particularidad excepcional de que cada uno de ellos está habitado por una contradicción inevitable, una paradoja que, en cierto modo, da la razón de la complejidad en juego.
El primero es el acontecimiento de cuerpo que es el sinthome, ese encuentro primitivo e inaugural del organismo-cuerpo con el significante que produce para cada cual una manera única de habitar el mundo, de relacionarse con los otros y todo el etcétera que ello implica, en resumen, la relación a la vida, a la sexualidad y a la muerte, su modo de goce. ¿Dónde está ahí lo paradójico? Sucede que al parlêtre que resulta de este acontecimiento, su manera de gozar del inconsciente le mortifica, le hace sufrir. Por tanto, eso que venía como respuesta a la falta de orientación que los hablantes tienen sobre cómo hacer con la vida que pulsa en su organismo, en lugar de ser solución se convierte en el problema mismo, hasta tal punto que, en un momento dado, pueden tomar la decisión de consultar a un analista.
Entonces, el segundo acontecimiento será el del amor, el acontecimiento del amor que es la instauración de la transferencia. Freud la definía como “un amor verdadero” pero advertía a los analistas de que no era en absoluto atribuible a las “excelencias de su persona”1. Lacan le dio un retoque fundamental para convertirla en amor al saber, aunque advirtiendo también a los analistas de que ese lugar en que les sitúa el analizante, el de sujeto supuesto saber, no tienen ningún motivo para creérselo.
A ella, la transferencia, le viene como anillo al dedo el aforismo lacaniano “solo el amor permite al goce condescender al deseo”2 dado que es por amor que el analizante se pone al trabajo y consiente a que algo venga a perturbar su goce solitario, pero -y aquí viene la paradoja que le corresponde- si bien sin transferencia no puede iniciarse un análisis, resulta que por la dichosa transferencia hay análisis que se eternizan, empantanados por el amor. ¿Fallo de maniobra del analista o estrategia de estabilización? Es algo a valorar caso por caso.
Por último, surgirá –en una sesión sí y en muchas otras no– como joya preciosa, el acontecimiento de saber que es el inconsciente transferencial, ese saber que en absoluto estaba ya allí, todo listo, a la espera de ser extraído, sino que requería que los significantes se ordenaran en un decir, un decir que solo bajo transferencia es capaz de desvelar al propio parlêtre algo del goce que ese saber incluye, el goce que llevan aparejado los significantes. ¿Dónde está lo paradójico? Si tomamos al pie de la letra lo que dice Lacan, “la única verdad que cuenta: no hay relación sexual”3, esto es, no se puede escribir la relación sexual, no hay saber en lo real sobre eso para los parlêtres, entonces, todo saber que se enarbole, todo saber que se produzca o que se invente siempre tendrá una función de velo, de tapón de ese agujero o de suplencia. Por tanto, todo acontecimiento de saber es, de entrada, sospechoso: sin duda, el modo de goce insiste, pero también insisten los recuerdos encubridores, la defensa… ¿Cuándo la variación de la verdad puede considerarse ya acotada y agotada? ¿De qué modo hace con eso el acto del analista?
Aquí me permitiré recurrir a mi propia experiencia: ¿Por qué el impulso imparable de regalarle un libro muy concreto al analista justo en nuestras primeras entrevistas? ¿Por qué cuando un relato escuchado al pasar me “tocó” estuve esquivándolo durante todas las vacaciones? ¿Por qué la urgencia por ir a sesión después de la muerte de mi padre con el objetivo “inequívoco” de mostrar la falta de emoción al analista? ¿Por qué la necesidad de empezar, de repente, a hablar en francés en las sesiones, cerca del final de mi análisis? Había en cada una de esas situaciones algo que sabía, en tanto analizante -con ese saber que no se sabe- que debía ser mantenido a distancia del pensamiento, alejado de la reflexión, intocado, virgen, a la espera de la presencia real del analista, para solo entonces enfrentarse a ponerlo en palabras, sin pensar, y producir así un decir. Son esos acontecimientos del decir los que llaman al acto del analista, jalonando así un análisis, marcando momentos de no retorno, puntos sobre los que ya no hay marcha atrás posible.
Marta Serra Frediani es miembro de la ELP y de la AMP.
Notas:
- Freud, Sigmund. “Puntualizaciones sobre el amor en transferencia”, Obras completas, Tomo 12. Amorrortu, Buenos Aires, 1986, p. 164. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 1986, p. 194. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 25, El momento de concluir. Lección del 10 de enero de 1978, inédito: “Un horrible llamado Freud, puso a punto un farfullar que calificó de “análisis” –no se sabe por qué– para enunciar la única verdad que cuenta: no hay relación sexual en los trumains. Soy yo quien ha concluido esto. He logrado formularlo. He logrado formularlo, no sin esfuerzo”. ↑