Vivimos en una época en la que prevalece la vivencia subjetiva de que “no hay tiempo”. El correlato de esta vivencia es la urgencia, una de las presentaciones clínicas más frecuentes en las instituciones de Salud Mental (SM). Eso implica un pedido-exigencia, el apremio, el empuje de la pulsión. El apremio pone en primer plano al cuerpo marcado por un desamparo que le es estructural. Frente a ese estado, en el que el ser hablante está desbordado, el Otro puede tener su oportunidad. Esa es la condición del lazo. El Otro tiene que responder y es por su respuesta que la exigencia puede convertirse en una demanda. Las instituciones de SM habitadas por psicoanalistas pueden convertirse en lugares de respuesta1. Sitúo mi reflexión desde la perspectiva de un Centro de SM Infanto-Juvenil, pero veremos que hay cuestiones que atraviesan todas las edades del sujeto.
¿Cuáles son hoy las respuestas del Otro a las manifestaciones del malestar en las infancias y las adolescencias? Hay dos respuestas prevalentes: la que introduce de manera feroz a los niños y adolescentes en la competitividad del “mercado escolar” y la que homogeneiza sus manifestaciones bajo una designación “científica”.
Las presentaciones más habituales del malestar están marcadas por la urgencia: conductas impulsivas, intentos de suicidio, autolesiones, ataques de ansiedad, de pánico, violencia, adicciones y desconexiones. Son presentaciones en las que lo prevalente es la errancia, el vacío, la inhibición y la angustia. Niños y adolescentes que caen fuera de la identificaciónn o están alienados a ellas, que no disponen de la brújula de los ideales, sujetos a los que se obstaculiza la formaciónn del síntoma a partir de la prevalencia de los trastornos. También tienen serias dificultades para producir una significación frente a una situación vivida o no encuentran un punto de anclaje.
Los sujetos llegan a los dispositivos de SM bajo la modalidad de un goce desregulado. Lacan2 utiliza el significante “rebasamiento” para articular palabra y urgencia. Es una época3 donde no se trata de la transgresión sino más bien de la pulsión que viene y va. Este cambio transforma el lazo social: hay una articulación entre urgencia y pulsión. ¿Cómo responder desde el psicoanálisis a estas presentaciones en una época que es más del goce que del deseo, que es más de la pulsión de muerte que de la sexualidad?
En las Instituciones cada vez que recibimos a un sujeto conviene que nos preguntemos ¿Quién es el sujeto de la urgencia?¿Se trata de una urgencia generalizada o subjetiva?¿Es lo mismo sujeto de la urgencia que sujeto de la demanda?
Las instituciones: campo público de la palabra
En ese campo público de la palabra se sitúan los Centros de SM. Frente a las urgencias la solución que se busca tiene que ser rápida y eficaz, bajo la idea de que se puede “restaurar” lo que había antes en la vida del sujeto. Tratar de este modo las urgencias opera como “una puerta giratoria”4.
Las instituciones habitadas por los psicoanalistas son necesarias para ir a la contra de esas puertas, aunque a veces haya que medicar. Las instituciones son formas de regular el goce ya que pueden alojarlo y se organizan alrededor de un imposible5. Sólo hay instituciones del discurso; tenemos que preguntarnos qué discurso las organiza y qué margen nos da para alojar las particularidades subjetivas. En las instituciones de SM hay siempre una tensión entre lo que es para todos y lo que vale uno por uno.
De urgencias
La urgencia es una situación apremiante que pide una atención inmediata. La prisa es el tiempo que la caracteriza porque lo que trae el sujeto empuja. No necesariamente implica gravedad, puede ser algo nimio. Muestra la ruptura de un equilibrio que la precede.
En las instituciones de SM aparecen al modo de Urgencias Generalizadas, en las que se cruzan malestares que están más allá de lo psíquico. Son sufrimientos que pueden estar condicionados por múltiples variables: sociales, educativas, jurídicas. Generalmente la dimensión psíquica de la urgencia no se revela de entrada.
Un niño es traído por la urgencia del Otro: los padres, la maestra o la pediatra. Son urgencias que se encuentran en un borde, se ha llegado a un límite o se presenta el horror de algo que no encaja con la idea de infancia. Tienen la dimensión del grito. Unas responden a lo que no se puede explicar en los ámbitos por los que los chicos circulan, hacen enigma, y otras responden a lo que ya viene signado por una nomenclatura diagnóstica, del lado de la certeza.
El segundo modo de presentación plantea “una urgencia” al psicoanalista que la recibe. Se trata de una operación a realizar: desenredar los hilos de la demanda, para que uno mismo no quede embrollado ya que en lo asistencial la dimensión del “bien del paciente” forma parte del discurso que organiza. Saber a qué distancia está el practicante del deseo de curar es fundamental6. Desenredar lo verdadero en su relación con lo real7. La urgencia generalizada muestra sujetos enredados con su cuerpo a través de la hiperactividad, la falta de atención, la violencia. Para el psicoanálisis la urgencia está ligada al concepto de sujeto. En la urgencia generalizada no se localiza el sujeto, están los hechos. El sujeto tiene que emerger. Eso requiere del practicante una respuesta que introduzca una temporalidad contraria a la de la urgencia: una pausa. Las entrevistas preliminares son esa pausa. En ellas se producen varias operaciones:
- Desenredar: para saber quién será el sujeto de nuestra intervención.
- Velar: el campo público de la palabra donde todo lo que es dicho circula.
- Desclasificar: extraer al sujeto de la maraña de discursos que lo atraviesan.
- Deducir: restituir la singularidad de lo que allí sucede planteando preguntas que abran el hilo narrativo.
- Localizar: los acontecimientos vinculados a la urgencia y el punto en el que el sujeto se siente concernido por la misma: de eso se trata en la urgencia subjetiva.
Cuando se puede pasar de la urgencia generalizada a la urgencia así subjetivada ya no se trata del diagnóstico sino de lo que se juega entre el dicho y el decir. Quizá ello permita la introducción del inconsciente.
Las Instituciones de SM habitadas por psicoanalistas pueden ser lugares de uso para propiciar ese pasaje.
brignonisusana@gmail.com
Susana Brignoni es miembro de la ELP y la AMP.
Notas:
- Miller, Jacques-Alain. “Hacia Pipol 4". Freudiana Nº 52, Barcelona, 2008, p.7. ↑
- Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. Escritos 1. Siglo XXI, México, 1989, p.227. ↑
- Miller, Jacques - Alain. “Paradigmas del goce” La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Paidós, Argentina, 2003, p.221. ↑
- Sotelo, Inés. Datus. Dispositivo Analítico para el tratamiento de Urgencias Subjetivas. Grama, Buenos Aires, 2015. ↑
- Tizio, Hebe. “Sobre las instituciones”. Nuñez, Violeta (coordinadora). La educación en tiempos de incertidumbre: las apuestas de la Pedagogía Social. Gedisa, Barcelona, 2002, p.195. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires,1992, p.264. ↑
- Miller, Jacques - Alain. Los enredos del cuerpo. Pomaire, Venezuela, 2012, p.95. ↑