¿Por qué alguien va a ver a un psicoanalista? Porque se conmociona la rutina en la que se mantenía su realidad cotidiana. Es decir, si hay una entrada es que ha habido un encuentro con lo real no asimilable por el fantasma del sujeto. Toda entrada en análisis de un sujeto neurótico supone la quiebra de su seguridad, de la continuidad fantasmática. El fantasma es la matriz de toda significación a la que el sujeto tiene acceso. Por lo tanto, siempre que hay una quiebra del fantasma, hay una quiebra del sentido. El sujeto que ha perdido el sentido, busca restaurarlo. Esto es lo que le lleva a hacer una demanda a un analista.
Si el síntoma analítico es el resultado de un tropiezo no digerible, los psicoanalistas sabemos que únicamente no dejándolo callar se puede sustentar una apuesta de curación. Por lo tanto, para sostener una demanda de análisis, es necesaria una primera pre-interpretación del síntoma por parte del sujeto, algo que le permita entender que el síntoma no se sitúa en el puro orden médico. Por lo tanto, al principio está la transferencia, no la demanda de análisis. Frente al síntoma que irrumpe como un sinsentido, la transferencia posibilita que el sujeto busque su complemento de sentido en la figura del analista. Pero, para esto, el síntoma tiene que estar auxiliado por el enigma. El problema es que actualmente, para muchos sujetos, el síntoma se presenta sin enigma. Es un síntoma respuesta, no un síntoma pregunta. Esta es una de las características del sujeto actual, por lo que los psicoanalistas nos vemos con frecuencia obligados a provocar sentido para posibilitar un inicio de análisis.
El recorrido de un análisis no es otro que el de la transferencia. Distinguimos dos vertientes de la transferencia: una que es lectura y otra que es libidinal. La vertiente lectura se articula con la vertiente mensaje del síntoma, con el querer decir del síntoma, aquello que de la represión hace lenguaje.
En un análisis, lo único que se indica al paciente es que practique la asociación libre, cosa que es muy difícil, es una de las principales dificultades. No basta formular la regla fundamental para que el sujeto la siga. Cualquiera que tenga práctica analítica sabe de esta dificultad. Realmente, la auténtica entrada en análisis se produce cuando un sujeto consiente a la asociación libre. El analista propone la asociación libre, el analizante asocia, el analista interpreta. El analizante espera el sentido del analista y el analista es parco al respecto.
Es esa demanda de sentido -que el analista no da- la que mantiene la demanda analizante. Esta posición del analista, como Otro de la demanda, es lo que ha llevado a confundir a los post-freudianos repetición y transferencia, en la medida en que consideraban que el analizante realizaba una regresión y trasladaba sus demandas no satisfechas a la figura del analista. Pero, si hay regresión, esta se produce exclusivamente en el plano significante, como regresión a los significantes de la demanda primordial.
El síntoma analítico se sitúa, entonces, en la encrucijada entre verdad y real, es un síntoma bajo transferencia. Transferencia que participa, según ha desarrollado Jacques-Alain Miller1, del mismo estatuto equívoco del síntoma. Transferencia ya definida por Freud como motor y obstáculo de la cura al mismo tiempo. Este estatuto equívoco, común al síntoma y a la transferencia, nos lleva a plantear las vías por las que el síntoma de transferencia, tal como lo ha denominado Miller2, supone un modo particular de cómo la pulsión se satisface en el análisis y mediante la transferencia.
Cuando hablamos de la transferencia tenemos una única fórmula, el algoritmo de la transferencia3, que Lacan escribe así:
S ——→ Sq
s (S1, S2, … Sn)
La S representa el significante de la transferencia, el significante del síntoma analítico. Es el síntoma que se dirige a un analista, situado en el lugar del significante cualquiera, para responder al enigma que el síntoma comporta. Vemos aquí, cómo nos encontramos con una articulación exclusivamente significante, que permite producir un efecto de significación debajo de la barra: de «[…] saber, supuesto presente, de los significantes en el inconsciente»4. Esta articulación significante se sostiene de suponerle un sujeto al saber del inconsciente. Pero ¿dónde podemos situar aquí la satisfacción pulsional? Podríamos pensar que el algoritmo responde solamente a la vertiente saber de la transferencia, dejando excluida su vertiente libidinal. Pero Lacan expresa lo siguiente: «Se reconoce en la primera línea al significante S de la transferencia, es decir, de un sujeto, con su implicación de un significante que llamaremos cualquiera, es decir, que solo supone la particularidad […]»5.
Si el neurótico se queja de la falta en ser y en gozar, encontrará su complemento en el analista ya que el analizante transfiere al analista el goce que habita en el corazón del síntoma. Por eso, toda elección de analista es sintomática. El significante cualquiera, dice Lacan, no es cualquier significante, «supone la particularidad». El analizante transfiere al analista el rasgo por el que lo elige. Dice Lacan: «[…] el psicoanalista por venir se consagra al agalma de la esencia del deseo, dispuesto a pagarlo reduciéndose, él y su nombre, al significante cualquiera»6. En este sentido, Jacques-Alain Miller ha subrayado que «[…] la entrada en el análisis propiamente dicha solo es concebible a condición de un desplazamiento de la investidura libidinal sobre el analista […]. Si nos preguntamos ahora de qué está hecho el ser del analista para el paciente, podemos responder: está hecho de la misma libido del paciente»7.
Eso de lo que está hecho funciona como resto de la operación analítica, en el momento en el que el sujeto deja de satisfacer la pulsión por medio de la transferencia. En cierto sentido, cuando el analizante sabe por qué ha elegido a su analista es cuando puede dejarlo. Es el momento de la desuposición del saber y de la destitución subjetiva, que van de la mano. Por eso, «[…] visto desde la salida, la libido se retira del objeto analista al mismo tiempo que se retira de aquello de lo que estaba en juego para el paciente, de lo que era la cuestión de su vida, es decir, su sufrimiento, su malestar»8.
Manuel Fernández Blanco es miembro de la ELP y la AMP.
Notas:
- Miller, Jacques-Alain. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 74. ↑
- Miller, Jacques-Alain. Donc. La lógica de la cura. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 306. ↑
- Lacan, Jacques. «Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela», Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 266. ↑
- Ibid., p. 267. ↑
- Ibid. ↑
- Ibid., p. 272. ↑
- Miller, Jacques-Alain. «Visto desde la salida», Cómo terminan los análisis. Paradojas del pase. Navarin éditeur-Grama ediciones, Buenos Aires, 2022, p. 87. ↑
- Ibid., p. 86. ↑