El acto de entrada
¿Cuáles son las condiciones que precisamos para decir que se ha iniciado un análisis? No se trata solamente de que exista una demanda, esa demanda que el analista recibe y que pide liberarse de un sufrimiento. Tampoco es suficiente que alguien visite regularmente a un psicoanalista, y que le hable de sus problemas esperando una respuesta más o menos adecuada, para decir que ha habido una entrada en análisis. Constatamos que esto puede suceder a lo largo de cierto tiempo, a veces durante años, sin poder decir que se ha iniciado un análisis.
Hay otra condición necesaria, lógicamente anterior a la formulación de la demanda, que está en el principio de todo psicoanálisis y que Freud descubrió con el fenómeno de la transferencia. La expresión acuñada por Lacan para formalizar la estructura de ese fenómeno ha hecho fortuna: es el "Sujeto supuesto Saber".
¿Qué significa esta expresión? La suposición de un saber al analista no agota su significación. Que en el discurso social se le suponga un saber al analista sobre el malestar del síntoma es una condición de existencia del psicoanálisis pero es también, según la expresión de Lacan, la túnica de Neso que él mismo se ha tejido al aceptar una demanda que se plantea como demanda de curar. Y es una túnica que lo quemará en la medida en que se confunda con ella.
Es otra lectura la que Lacan prioriza en la fórmula del S.s.S.: lo que está supuesto al principio del psicoanálisis es fundamentalmente el sujeto, un sujeto supuesto al saber del inconsciente, a su condición de pura cadena significante. Es en la medida en que alguien supone un sujeto, un sentido ignorado a lo que le ocurre -ya sea a un acto, a un sueño o al propio síntoma- que podrá dirigirse al Otro para querer averiguar algo del sentido de este saber. Instituye entonces el lugar del Otro en esa nueva forma de amor dirigido al saber que llamamos transferencia.
El sujeto de la transferencia está de entrada, pero sólo está supuesto en la demanda como su significado ignorado, es decir, como lo que llamamos deseo. Es un sujeto que está, pues, a la espera de ser producido como un efecto de la palabra y que requiere un tiempo para ponerse en acto.
La "rectificación subjetiva" necesaria para el inicio del análisis se produce cuando confrontamos al sujeto a esa otra demanda, más íntima y silenciosa, que es la demanda de satisfacción de la pulsión ante la que se ha erigido el síntoma. La escritura lacaniana de la pulsión, ($<>D), indica este punto de viraje ante el que el sujeto deberá responder con su fantasma más íntimo como sujeto y que nos dará la llave de entrada al análisis.
Si en el momento anterior, por la acción del Sujeto supuesto Saber, el sujeto toma el valor de un significado supuesto al significante, en este segundo momento se trata del sujeto en su valor de goce.
Para que se produzca esta modificación subjetiva con la que se inicia un análisis, es necesario que se ponga en juego la dimensión del acto, del acto que Lacan, por primera vez en 1966, calificó de analítico.
¿Qué es un acto? El acto en general es lo que tiene lugar por un decir, que modifica al sujeto. Es una definición que distingue el acto de cualquier acción -motriz o psicológica- por su relación con la estructura del lenguaje y por su efecto. Un acto es lo que no tiene vuelta atrás posible en la modificación del sujeto.
¿Entrar es un acto? Depende, sin duda, del lugar al que se entre, depende del lindar que se cruce en el momento de entrar. El famoso paso del Rubicón de César, ejemplo al que se referirá Lacan en diversas ocasiones, es un acto en la medida en que el sujeto de ese paso ya no es el mismo después de él. Y eso es así por un hecho de lenguaje que convierte el límite natural del Rubicón en un límite simbólico más allá del cual César debe enunciar un alea jacta est, la suerte está echada, para significar su modificación subjetiva.
¿Se trata de un paso de este orden en el inicio de un análisis?
La noción de acto que Lacan elabora en los años cincuenta nos acerca a esta operación: la palabra “es, pues, un acto y supone un sujeto"1, leemos en "Variantes de la cura-tipo". Se trata, pues, en primer lugar de hacer aparecer al sujeto supuesto en esa palabra. Y para ello, el analista debe llegar a un dominio tal de su palabra que sea "idéntica a su ser". Es una definición de la acción del analista -Lacan aún la nombra así- coextensiva del propio concepto de inconsciente en tanto estructurado como un lenguaje. Acto e inconsciente irían aquí a la par si no fuera porque para un sujeto sometido al inconsciente nunca la palabra podrá llegar a ser idéntica a su ser.
Por eso Lacan deberá dar, en los años sesenta, un paso más en su formulación del acto analítico como tal. Nunca el sujeto supuesto al saber, representado por el significante, podría ser el agente del acto analítico, aunque sea su condición necesaria. El verdadero agente del acto es el objeto que está como causa de su división.
Puede entenderse entonces la aparente paradoja en la que Lacan sitúa el acto analítico: el psicoanalista en el psicoanálisis no es sujeto y sólo puede situarse en el lugar del objeto a. Es desde allí desde donde podrá llevar al sujeto a aprehenderse en su valor de goce.
Pero para que esto sea posible, para que el analista pueda poner en juego la dimensión del acto para el sujeto al inicio del análisis, es preciso que él mismo haya cruzado su frontera tantas veces como sea necesario para averiguar a qué objeto ha reducido su valor de goce. Debe haber realizado, si se me permite la expresión, su res jacta est, la eyección de su propio objeto.
Sólo así, como señala Lacan en su informe de enseñanza sobre el "Acto psicoanalítico"2 de 1968, "el acto [estará] al alcance de toda entrada en psicoanálisis", condición que hace contingente a cualquier otra.
Miquel Bassols es miembro de la ELP y la AMP.
Notas:
- Lacan, Jacques, “Variantes de la cura tipo”, Escritos, Ed. Siglo XXI, México, 1984, p. 338. ↑
- Lacan, Jacques, “El acto analítico", Reseñas de enseñanza, Ed. Manantial, Buenos Aires, 1984 ↑